¿La madurez de Rosendo?

Edgard Rodríguez C. edgard.rodríguez.laprensani.com El combate había concluido, pero seguíamos crispados. Las imágenes estaban frescas en nuestra memoria y los adjetivos se agotaban para calificar la heroica demostración de Rosendo Álvarez, quien a hierro y fuego saltó sobre sus limitadas condiciones físicas para atrapar el futuro. Resultó imposible no inclinar nuestra admiración hacia la faena […]

Edgard Rodríguez C. edgard.rodríguez.laprensani.com

El combate había concluido, pero seguíamos crispados. Las imágenes estaban frescas en nuestra memoria y los adjetivos se agotaban para calificar la heroica demostración de Rosendo Álvarez, quien a hierro y fuego saltó sobre sus limitadas condiciones físicas para atrapar el futuro.

Resultó imposible no inclinar nuestra admiración hacia la faena de Álvarez frente a un Pitchinoi Siriwat, que aun en la derrota, mostró la determinación y tenacidad de un legítimo gladiador. El nica fue mucho más que eso, empujado con un corazón que no se arruga en las dificultades.

Esperé unas horas, quizá de más, y llamé a Rosendo a su habitación en el hotel en Miami a las 12 de la noche, con la idea de concertar un diálogo para el domingo. Lo imaginé agotado y ya en pleno descanso, después de una batalla tan intensa que obligó su mejor demostración.

En lugar de eso, Rosendo estaba dispuesto a hablar en aquel momento, y lejos de encontrarme a un púgil en la cima de la excitación tras la victoria, sentí a una persona madura, en pleno control de las emociones y trazando planes para el futuro con la mayor objetividad posible.

Y al menos a mí, eso me impresionó más que su espectacular demostración sobre el entarimado. Que Rosendo sea un boxeador de habilidades probadas, eso ya lo sabemos. Pero la madurez que hemos buscado en su persona, ha comenzado a aflorar y ojalá continúe su desarrollo.

Pero tal percepción no se limita estrictamente a lo que capté a través de esa llamada, sino a todo un proceso en el cual Rosendo parece haber descubierto el orden de sus prioridades, y en el que ha dejado de ponerse el acento en su vida privada, porque no ha dado motivos para ello.

Éste es el momento de Rosendo, y ojalá sepa canalizar adecuadamente la admiración restaurada tras su victoria ante Siriwat, pero, sobre todo, tras su mejorado comportamiento, que dista mucho del mostrado en el pasado por este fogoso chavalo cuya carrera parecía ir hacia ningún lado.

Aquel Rosendo que tumbó al “Finito” López y que nos obligó a admirarle, parece estar de vuelta, justo cuando más se le necesita.  

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