El monstruo come-pesadillas

Jorge Ramos [email protected]

Ciudad de México. En el maravilloso Museo del Niño de la ciudad de México hay un monstruo que se come las pesadillas. Tiene una colorida forma de dragón o, quizás, de dinosaurio bonachón y chaparrito; no pasa de los dos metros de altura. Los niños escriben en una hoja de papel sus pesadillas y la meten por la hendidura de una enorme caja de plástico que rodea al monstruo. Las hojas con todas las pesadillas imaginables caen, planeando, a los pies de uñas largas de la bestia. Y eso es todo. Los niños se van felices y convencidos de que el monstruo come-pesadillas los liberará de sus problemas.

Mientras veía a los entusiasmados niños poner en un papel sus pesadillas y luego hacer una larga fila para tirarlas a la caja del monstruo, me puse a imaginar lo que escribirían en esas misma hojitas cinco presidentes. Sí ¿cuáles son las pesadillas de George W. Bush, Vicente Fox, Eduardo Duhalde, Andrés Pastrana y Hugo Chávez? ¿Qué le darían de tragar al monstruo come-pesadillas?

La principal pesadilla del presidente norteamericano, George W. Bush, es ganar la guerra y perder la reelección por los problemas económicos de Estados Unidos, si los líderes del Partido Demócrata logran convencer a los norteamericanos que Bush es el culpable de la actual crisis financiera (por la implementación de un fallido e innecesario recorte de impuestos). Aún cuando la guerra contra el terrorismo siga bien su curso, Bush necesita un repunte de la economía —y pronto— para evitar un deja vú y hacer desaparecer su peor pesadilla.

La principal pesadilla de Vicente Fox es convertirse en un presidente priísta. Fox es el primer presidente elegido democráticamente en México desde que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) tomó el poder en 1929. Sin embargo, hasta el momento casi todas sus promesas de cambio y reforma han quedado en sólo eso: promesas. Fox ganó las elecciones del 2 de julio del 2000 debido a que millones de mexicanos creyeron que él atacaría la corrupción, metería en la cárcel a políticos ladrones y asesinos, crearía miles de trabajos y cambiaría la forma de hacer política. Hasta el momento, nada de eso ha hecho. Fox se parece cada día más a los mismos presidentes priístas que tanto criticó como candidato de la oposición. Fox está obligado a hacer algo dramático en México o su pesadilla se convertirá en una triste y frustrante realidad.

Eduardo Duhalde no quiere convertirse en el sexto presidente de Argentina en menos de tres semanas. Esa es su pesadilla número uno. A Duhalde le aterra que otra rebelión popular lo saque del poder antes del 2004. Pero, al mismo tiempo, tiene una misión imposible: pagar una impagable deuda externa de 130 mil millones de dólares en un país acostumbrado a gastar más de lo que tiene y que añora un altísimo e irreal nivel de vida. Los argentinos quieren que su presidente haga en realidad sus sueños. Duhalde no va a poder, pero su pesadilla es que lo descubran y le den una patada en el trasero.

La pesadilla del presidente de Colombia, Andrés Pastrana, es entregarle a los guerrilleros de las FARC un territorio equivalente a Suiza y que los rebeldes no le den nada a cambio. Perdón, eso ya ocurrió. No, la pesadilla de Pastrana es que los guerrilleros ni siquiera se quieran sentar a negociar la paz. No, perdón de nuevo; eso también ya ocurrió. No, la verdadera pesadilla de Pastrana es que militares, guerrilleros y paramilitares hagan lo que se les pegue la gana con Colombia y hundan al país en sangre y violencia sin que él pueda hacer algo al respecto. No, no, no. Eso también ya pasó. De hecho Pastrana está viviendo actualmente su peor pesadilla y de ésta ya no se despierta antes de dejar el poder. Mejor pasamos con otro presidente.

La pesadilla del presidente venezolano, Hugo Chávez, es que poco a poco todas las críticas de sus opositores se están convirtiendo en realidad. Dijeron que hundiría al país en una crisis económica y ahora hay más pobres, desempleados y desamparados en Venezuela que cuando Chávez tomó el poder hace tres años. Dijeron que era un ambicioso y peligroso militar que acabaría con la democracia y cambió la Constitución a su gusto para reelegirse sin límite. Dijeron que admiraba a Fidel Castro y ahora hasta se viste como él. Dijeron que tendría los mismos vicios de sus antecesores y ahora nombró a su propio hermano, Adán, como presidente del nuevo Instituto Nacional de Tierras; nepotismo en su máxima expresión. Dijeron que convertiría a Venezuela en su rancho privado y ahora controla el congreso, los medios de comunicación, las cortes y el ejército. Dijeron que hablaba mucho y hacía poco, y ahora habla mucho y hace poco. Dijeron que era un incapaz administrador con sueños de grandeza y ahora, según las encuestas, seis de cada 10 venezolanos, lo detestan. Hugo Chávez es su propia pesadilla.

El problema es que las pesadillas de estos mandatarios también nos pueden devorar y que el monstruo come-pesadillas está bien encerrado en el Museo del Niño de la ciudad de México. Si todo fuera tan fácil como un juego de niños…

El autor es periodista de UNIVISION.  

Editorial
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