China prospera y Argentina se hunde

Leonel Arana Guzmán*[email protected] La República de China Popular con casi mil trescientos millones de habitantes es la más poblada del mundo, habiendo 255 chinos por cada nicaragüense. Uno de cada cuatro habitantes de la tierra habita en ese país que con 9.5 millones de kilómetros cuadrados es 73 veces más extenso que Nicaragua. Con esos […]

Leonel Arana Guzmán*[email protected]

La República de China Popular con casi mil trescientos millones de habitantes es la más poblada del mundo, habiendo 255 chinos por cada nicaragüense. Uno de cada cuatro habitantes de la tierra habita en ese país que con 9.5 millones de kilómetros cuadrados es 73 veces más extenso que Nicaragua. Con esos tamaños lo que ocurre en China debería ser notorio para el resto del mundo. Sin embargo son pocas las noticias que llegan, incluso a Estados Unidos desde la China y los cambios positivos de su economía y las mejoras en el nivel de vida de su población han pasado casi inadvertidos. Contribuye a mantener esa pared de silencio el hecho de que lo que está pasando en China no concuerda con las nociones preconcebidas de lo que mucha gente, particularmente los pregones de la Internacional Liberal asumen que es lo correcto en materia de economía.

Sucede que China comenzó a desmantelar la planificación central de su economía a partir de 1978, el año en que los sandinistas lanzaron la primera de sus ofensivas para tomar el poder en Nicaragua e implantar la planificación central y durante la década de los 90 no siguió las recetas de cocina que el Banco Mundial y el FMI le dieron a los países pobres. Es decir, China, a diferencia de Rusia, Argentina, Perú o Nicaragua, países todos en bancarrota, no privatizó sus empresas estatales ni abrió sus puertas a las importaciones en forma súbita y eso a pesar de que China ha pasado del marxismo maoísta a un sistema capitalista basado en incentivos y propiedad privada más completo que el existente en muchos países que se autocalifican como demócratas y capitalistas.

Como resultado de políticas orientadas al beneficio de sus habitantes, China puede alimentar a toda su población mientras que en Argentina, país rico y despoblado los pobres asaltan los supermercados por una bolsa de alimentos y en Nicaragua centenas de miles sobreviven por la caridad mundial. No sólo eso, la economía china ha crecido en los últimos 22 años a un ritmo tal que su Producto Nacional Bruto se ha multiplicado 4 veces y es ya la segunda economía del mundo, solamente superada por Estados Unidos. En el 2000 el crecimiento fue de un enorme 8% y hoy el ingreso de cada uno de sus ciudadanos es de 3,600 dólares anuales, o sea que cada chino gana 10 veces lo que un nicaragüense.

¿Qué hizo China que le ha dado tan buenos resultados? Muy sencillo, cometió lo que para los defensores a ultranza de las políticas neoliberales es una herejía: no privatizó sus empresas estatales ni se abrió a las importaciones en forma súbita. Adelantándose a las ideas publicadas posteriormente por el Profesor de Columbia y Premio Nobel, Joseph Stiglitz, los jerarcas chinos que abandonaron la planificación central pensaron que no hay razón por la cual las empresas propiedad del Estado no puedan ser exitosas. Según Stiglitz el experimento chino ha demostrado que no depende de quién es el dueño que una empresa esté bien administrada o no, sino si se encuentra en un régimen de competencia o si es un monopolio. Para Stiglitz un monopolio privado es tan dañino e ineficiente como uno estatal, por lo cual la privatización en sí no tiene beneficio alguno y agrega que bajo una administración autónoma las empresas estatales, éstas pueden ser tan rentables como las privadas.

(A lo que habría que agregar que la privatización ha dado oportunidad a un saqueo sin precedentes históricos de las empresas públicas y la apertura súbita de fronteras a las importaciones ha arruinado las industrias locales y enviado a millones al desempleo y al hambre en los países que así lo hicieron).

* El autor es Administrador de Negocios.  

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