José Leñero G.*
La tradicional expresión de buenos deseos al inicio de un nuevo año, pocas veces ha tenido un significado más necesario que en este 2002.
Después que el año anterior, se presentó tan lleno de desgracias: primero la recesión económica que empezó en los Estados Unidos y que inmediatamente se proyectó sobre nuestra América Latina, para seguir su negra estela a Europa y Asia; luego los ataques increíblemente osados del terrorismo que se atrevió a destruir las Torres Gemelas de Nueva York, uno de los más altos símbolos de la cultura occidental, más tarde la respuesta demoledora del poderoso país atacado, pero apoyado por un coro universal de países y personas que sintieron que el ataque fue contra sus propios valores de vida, la expresión tradicional de Feliz Año Nuevo, adquiere para todos un sentido de urgente necesidad.
Tal vez ese sentido de necesidad y de urgencia valga la pena si nos hace reflexionar que todas esas desgracias no ocurren por casualidad, sino que tienen causas y que nosotros no somos corchitos inertes flotando en las corrientes de las mareas, sino seres pensantes y dotados de libre albedrío que podemos tomar las decisiones necesarias para minimizar su efecto en nuestras vidas.
Esas desgracias tienen claramente su origen en excesos de la soberbia humana, incluyendo el menosprecio de su efecto en otras partes de la humanidad.
Los analistas de la crisis nos dicen que nos dejamos entusiasmar por el potencial de comunicación del Internet, lo que entusiasmó a hacer ventas, que después no se pudieron atender, porque esas empresas no tenían la misma capacidad de producción, o de distribución.
Los genios capaces de crear la revolución de las comunicaciones, no advirtieron que sus empresas no podían hacer llegar a sus clientes en los plazos ofrecidos, los bienes que les habían prometido, ya que eso dependía de su capacidad de elaborar y de movilizar bienes físicos que, sorprendentemente, no habían preparado.
Por su parte, las acciones terroristas que nos duelen, tienen su origen en grupos humanos que se sienten avasallados por la cultura occidental, que recoge de sus territorios las materias primas que necesitan, pero que no contribuyen a desarrollar a sus pueblos.
La recuperación de la recesión, es algo que los analistas internacionales piensan que no tardará demasiado en producirse, porque están intactos algunos de los logros que se alcanzaron antes de que estallara esa burbuja, entre ellos, el aumento sorprendente de la productividad que en algunos grupos de empresas pasó de un promedio anual de 2% a 5%. Así lo que se necesita es un examen más riguroso de la forma de utilizar ese potencial.
El choque de las culturas es algo más complejo, pero si se piensa en el costo monetario que ha habido que pagar por las pérdidas materiales y de vidas, así como el costo de la guerra que aún no termina, pareciera de que es hora de entender que esos costos podrían haber tenido un destino más humano, si se hubieran empleado en enfrentar y buscar soluciones previas a esos problemas culturales. Es hora de sumarnos a hacer conciencia sobre esto.
* Consultor Internacional.