El “Plan Cero”

Rodrigo Solórzano B. [email protected] Es excelente el artículo de Eduardo Enríquez publicado en la página de Opinión el 29 de diciembre, el cual está dirigido a defender a la niñez pobre de Nicaragua. Yo creo que sería de más alta “productividad” social, si una parte sustancial del presupuesto universitario fuera utilizada en suplir las necesidades […]

Rodrigo Solórzano B. [email protected]

Es excelente el artículo de Eduardo Enríquez publicado en la página de Opinión el 29 de diciembre, el cual está dirigido a defender a la niñez pobre de Nicaragua.

Yo creo que sería de más alta “productividad” social, si una parte sustancial del presupuesto universitario fuera utilizada en suplir las necesidades alimenticias y educativas de los niños pobres nicaragüenses.

Estoy de acuerdo de que una nación que “siembre el viento” del abandono y del olvido de la niñez, “cosechará el torbellino” del crimen y el desorden.

Hay, sin embargo, algunos puntos que el señor Enríquez no mencionó, los cuales pueden ser de algún beneficio en la eventual solución del grave problema señalado.

A continuación unas de las posible alternativas:

1.-En vez de buscar proteger fuentes de trabajo de niños necesitados, por muy espurias que ésas sean, tal vez uno podría promover, por todos los medios posibles, el empleo honroso de sus padres. Y, por si acaso hay padres de familia que buscan explotar a sus hijos, crear y utilizar mecanismos de defensa de la niñez que velarán por su derecho de ser educados.

2.- No es buena idea buscar dejarle todo el trabajo al gobierno venidero, por muy bien intencionado que esté. Una parte importante de la solución podría ser ahondar el esfuerzo que ya está haciendo Aldeas S.O.S.

3.-Por mucho que nos duela admitirlo, el córdoba dado para mitigar nuestro sentido de complicidad ante el espectáculo, no reportará ningún beneficio real. Si en verdad tenemos vergüenza de que persista tal miseria, y si queremos hacer una caridad en beneficio de estos niños abandonados por la sociedad y explotados y ultrajados por sus padres o guardianes, debemos trabajar sin medir esfuerzo para crear e implementar los medios de curar el atropello en contra de esos niños.

El artículo de don Eduardo, constituye un noble comienzo a la ardua tarea ya divisada. Lo felicito por su labor y estoy listo a ayudarle en lo que mis humildes dotes permitan para que el Plan Cero dé frutos.  

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