Leonel Arana
Las privatizaciones, resultado de las políticas neoliberales, equivalen a poner al gato a cuidar la leche: se roban todo y no queda nada que cuidar. Por eso, mientras se logran establecer instituciones es mejor, o mejor dicho hubiera sido mejor (ya que a esta altura del campeonato ya perdimos todo, igual que los argentinos), conservar las empresas estatales como tales, pues así los corruptos sólo se podrían robar puchitos, no el bien principal.
Un monopolio privado es tan dañino como uno estatal, y el aumento de eficiencia no viene de quien es el dueño, sino del tipo de administración que exista y si de hay o no competencia.
Éste es un argumento profundo y comprobado, como lo demuestra el caso China, que da por tierra con los argumentos desprovistos de justificación, mayormente emocionales, en favor de la privatización, pues alguna gente confunde propiedad privada con libre competencia, y cree que no existe la eficiencia administrativa en las propiedades estatales, lo que no se puede argumentar si uno ve lo que ha pasado en países como Francia y China, con alto grado de empresas estatales en un momento u otro.