Sergio M. Aranda
El señor Manuel Coronel Kautz tiene razón al decir (LA PRENSA, miércoles 26 de diciembre) que todos somos culpables de que barbaridades como las que con su fallo ha justificado una señora jueza, se produzcan en Nicaragua. Y no porque no haya leyes, sino porque no hay justicia ni elementos que tengan el valor moral necesario (de jueces a magistrados) para hacer que ciertas leyes se cumplan.
Si algunos hombres tuvieran la mitad de las hormonas que Zoilamérica Narváez ha tenido para denunciar su tragedia y su calvario, otro gallo nos cantaría. Pero no importa. La justicia divina no es instantánea, pero llega.
El pueblo lo sabe. Y eso sí es importante. Que conste. No conozco a la señora Narváez ni al señor Coronel Kautz. Pero recordemos el axioma de que: La verdad es una luz que no se apaga, y el tiempo es un juez que no se vende.