Edgard Rodríguez C. [email protected]
Este Giovanni Caprotti es un gran vendedor y no solamente de leche. También de ilusiones y sueños. Ahora falta ver si será capaz de colocar la realidad a la par de las expectativas.
En una época en la que la clase de dirigentes deportivos que tenemos, ha mostrado avances de singular “eficacia” en el plano de la perversidad para asegurarse la continuidad en el poder, el movimiento del fútbol parece ser una refrescante ola que ha tomado a muchos por sorpresa.
Caprotti, un funcionario de Parmalat, que maneja con maestría la palabra, explicó con lujo de detalles el reto que han colocado sobre sus hombros siete de los diez equipos que conforman el campeonato nacional y que ahora pretenden tener autonomía, como ocurre en el resto del mundo hoy.
No obstante lo señalado por Caprotti, quien ahondó en la metodología de trabajo y las razones que les han inspirado el formar una Liga Nacional de Fútbol, independiente de la Federación de este deporte, resultó sólo la fachada de un problema de fondo que afecta al deporte nacional.
Evidentemente, la mayor dificultad parece circunscrita en el fútbol, donde se acusa al ingeniero Julio Rocha de manejar el juego como un feudo, sin espacios de participación para los equipos y sus directivos, quienes son, a fin de cuentas, quienes consiguen la plata para realizar el campeonato.
Pero también se flaquea en el básquetbol, y en múltiples ocasiones se ha acusado a Carlos García de lo mismo que a Rocha, de manejar el deporte como si fuera de su propiedad. Lo mismo pasa en otros deportes, con dirigentes aferrados al puesto más allá de si pueden o no hacer el trabajo.
En este contexto, la crisis del fútbol, que ha dado pie a la gestación de la LNF, podría significar un referente singular para las otras disciplinas, en muchas de las cuales se han agotado otras vías para llegar a puntos de entendimiento en beneficio del deporte y no un dirigente cuestionable.
Es trascendental la claridad conceptual con que los dirigentes de este movimiento asuman el reto. Por desgracia, aquí todo se traduce en lucha por poder. Pero la gente de la LNF tiene ante sí una misión que sólo el tiempo dirá si han sido capaces de cumplir.