El general alemán Holger Kammerhof (izq.) encabeza desde septiembre el Eurocuerpo, una unidad militar formada por varios Estados europeos. Alemania planea enviar unos 1,500 hombres para una fuerza multinacional en Afganistán, la primera misión de este tipo fuera de Europa en 56 años.

Alemania: un gigante que pugna por ocupar su lugar en el mundo

La aprobación del envío de tropas a Afganistán —es decir, fuera de Europa— y la organización de una conferencia interafgana en su suelo, consolidaron la nueva política alemana de intervenir en importantes asuntos mundiales, dejando atrás las inhibiciones de medio siglo, tras la derrota nazi en la Segunda Guerra Mundial Delia Millán (EFE) BERLIN.- Alemania […]

  • La aprobación del envío de tropas a Afganistán —es decir, fuera de Europa— y la organización de una conferencia interafgana en su suelo, consolidaron la nueva política alemana de intervenir en importantes asuntos mundiales, dejando atrás las inhibiciones de medio siglo, tras la derrota nazi en la Segunda Guerra Mundial

Delia Millán (EFE)

BERLIN.- Alemania ha demostrado, en la crisis internacional desatada por los acontecimientos del 11 de septiembre, nuevas ambiciones de política exterior y capacidad de desempeñar un papel más acorde con su peso en Europa y en el mundo.

El año 2001 acaba para el Gobierno alemán con dos importantes éxitos de política exterior, uno obtenido en el frente nacional —el voto de confianza concedido por el Parlamento a la política de Alemania para Afganistán— otro en el internacional: la celebración de la conferencia interafgana de la ONU.

La conferencia en la que se sentaron las bases para una transición política en Afganistán, tras la derrota del régimen talibán, se celebró en la antigua capital alemana, Bonn.

Aunque el papel alemán en la conferencia fue oficialmente de organizador “técnico”, la elección de Bonn fue ya un éxito político en sí, pues no es lo mismo celebrar una reunión de ese calibre en algún estado neutral y pequeño que en el país más influyente de la Unión Europea (UE).

De hecho, Alemania debe tener un papel importante en los esfuerzos de reconstrucción política y económica de Afganistán, y en una fuerza multilateral de mantenimiento de la paz.

Afganistán fue también una oportunidad para Alemania de superar algunas de las últimas inhibiciones resultantes de su pasado nazi, como la dificultad para asumir responsabilidades militares.

SOLIDARIDAD “ILIMITADA” CON EE.UU.

Tras los atentados del 11 de septiembre contra EE.UU., el canciller Gerhard Schroeder decidió dar un paso más y anunció que Alemania estaba dispuesta a demostrar una solidaridad “ilimitada” con los estadounidenses también en lo militar.

Esta posición provocó una nueva crisis de conciencia dentro de los partidos de izquierdas que forman la coalición de Gobierno y colocó al borde del colapso dicha alianza.

ASUMIENDO LA RESPONSABILIDAD DE UNA POTENCIA

El canciller decidió entonces jugarse la coalición por su política exterior y presentó en el Parlamento la decisión sobre una puesta a disposición de tropas para Afganistán vinculada a un voto de confianza para su Gobierno.

El canciller ganó la apuesta y obligó a la izquierda de su partido, el Socialdemócrata, y a los socios de coalición, los Verdes, a abandonar posturas idealistas cómodas y aceptar todas las consecuencias de ser una potencia europea, inclusive en lo militar.

“Alemania—-explicaba en una reciente entrevista el político cristianodemócrata Richard von Weizsaeker, ex presidente y autoridad moral en este país— no debe olvidar su pasado, pero no se puede uno dejar atar por éste, ni eludir responsabilidades por él”.

FIN DE UNA EPOCA

En su discurso ante el Parlamento en defensa de una participación militar en Afganistán, el canciller Schroeder advirtió que la época en que Alemania se limitaba a “aportar dinero, e infraestructura en las crisis internacionales”, han quedado definitivamente atrás.

Alemania, añadió el canciller, no sólo debe asumir un papel más activo por su importancia presente, sino por la que tendrá en el futuro como peso pesado de una Europa unida.

El gobierno de Schroeder ha demostrado a lo largo del año de otras muchas maneras su disposición a desempeñar un papel que se corresponda con su importancia económica, cultural o histórica.

El ministro de Exteriores, Joschka Fischer, protagonizó una ofensiva diplomática en Oriente Medio, que tuvo éxito a corto plazo, trata de perfilarse como el valedor de Rusia en Europa y en el terreno de la UE Alemania ha sido el iniciador del debate sobre la finalidad de la integración.

Algunas iniciativas, como la de debatir las misiones de Afganistán sólo entre países grandes de la Unión, dieron, sin embargo, lugar a críticas y acusaciones de que se estaba volviendo a la fórmula de la política exterior nacional.

UN PRIMER PASO

El actual Gobierno de coalición socialdemócratas-ecologistas había dado ya un primer paso hacia la “normalización” de la política exterior y de seguridad de Alemania cuando permitió la participación de soldados alemanes en operaciones armadas de la OTAN en los Balcanes. Esto suponía la primera intervención de tropas germanas fuera de sus fronteras desde la Segunda Guerra Mundial (terminada en 1945).  

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