- Cabinas de furgones se convierten en moteles
Noelia Sánchez Ricarte/Corresponsal [email protected]
RIVAS.- Un termo espera a la orilla de un furgón. Su pequeña propietaria ha subido desde hace varios minutos a la cabina del camión sin importarle dejar la venta a la mano de Dios.
Más allá, otra niña sale esquiva de otro furgón y evita pasar por nuestro lado. Fue imposible hablar con ella. Luego pudimos observar a dos menores más en la cabina de un furgón, y a un hombre que ante nuestra presencia apresurado abotonaba su camisa.
De acuerdo con el jefe de la Policía del puesto fronterizo de Peñas Blancas, subcomisionado Ramón Calderón, en el lugar hay entre 18 y 20 mujeres que se dedican a la prostitución, y entre 6 y 8 niñas que alternan esta actividad con la venta de helados, gaseosas o agua helada, aunque señaló que no todas las menores ofrecen sus cuerpos.
El jefe policial aseguró categórico que en “caso de detectarse a furgoneros con menores, éstos serán procesados por el delito de corrupción de menores y se hará valer el Código de la Niñez y la Adolescencia”.
Sin embargo, hasta ahora, reconoce que no se ha detenido a nadie ni se ha bajado nunca a ninguna niña de las cabinas de los furgones, a pesar que aunque la actividad es camuflada no puede pasar inadvertida. Muchas niñas llegan hasta el parqueo donde se estacionan los furgoneros, con el supuesto pretexto de vender agua helada, chicles, refrescos o helados en sus pequeños termos.
El evidente incremento de la prostitución infantil en esta zona fronteriza tiene preocupadas a las autoridades de este lugar.
El responsable de Aduanas, Carlos Manuel Díaz Bustamante, considera que éste es un caso serio, puesto que no sólo niñas de escasos trece años se dedican a esta actividad, sino también niños.
De acuerdo con un sondeo realizado en la zona, se conoce que adolescentes y adultas que laboran en la frontera sur cobran “por sus servicios” entre cien y doscientos córdobas, y que los panameños son los mejores clientes puesto que pagan en dólares.
En este puesto fronterizo nos encontramos con una menor que entraba y salía por la zona de estacionamiento de los furgones, y aunque su nombre no puede ser revelado, ella relató que a sus quince años de edad tiene un bebé de apenas veinte días de nacido, producto de un amor fugaz que tuvo con un furgonero.
Ella asegura que trabaja en la frontera Sur “únicamente vendiendo gaseosas”, pero sí confirmó que en esta zona fronteriza la prostitución “es algo natural”.
Esta adolescente comentó que vino a la frontera desde que tenía unos doce años, y asegura que la trajo “una vendedora de manzanas”. Desde entonces este lugar es su centro de trabajo.
Mencionó que gran parte de las menores y jovencitas que merodean en la frontera se dedican a ofrecer su cuerpo a cambio de dinero (aunque desconoce cuánto), asegurando que los panameños pagan en dólares “estos servicios”.
La Policía ubicada en este puesto fronterizo estima que la mayor parte de mujeres vienen a operar a esta zona desde lugares como Chinandega, Carazo, Masaya y Granada.
PLAN DE PREVENSIÓN
Según la delegada del Ministerio de la Familia en Rivas, Martha José Selva, se ha elaborado un plan llamado “Prevención de uso y abuso de drogas y explotación sexual infantil”, que estará dirigido, para comenzar, a algunos barrios del municipio de Rivas, donde se han identificado problemas de drogas y prostitución infantil.
La idea es que en cada barrio los líderes comunales, en conjunto con la población, trabajen para reducir el uso de drogas y la explotación infantil, entre otras. Gran parte de los niños que salen hacia la frontera Sur viven precisamente en los barrios elegidos para la puesta en marcha de este proyecto.
Se espera que el mismo se eche a andar en los primeros días de enero próximo. Muchos líderes comunales de estos barrios ya han recibido charlas y talleres al respecto.
AL «RAID» TRAS LOS «CLIENTES»
Por la mañana, muchos menores procedentes de algunos barrios populosos del municipio de Rivas, se encuentran en la Carretera Panamericana pidiendo “raid” para dirigirse hacia la frontera sur a realizar sus labores.
Se conoce que durante este período de vacaciones y Navidad (en donde se intensifica el movimiento de transporte y viajeros en la frontera), el número de menores se incrementa en busca de unos “realitos”, y con ello también la oferta de servicios sexuales.
En algunos casos las menores se aventuran a realizar esta actividad en el propio parqueo del puesto fronterizo, otras “amarran” para el camino, incluso mujeres adultas, pululan en la zona ofreciendo abiertamente sus servicios a los furgoneros que realizan su papeleo en el lugar.