Andrés Castillo, de 26 años y Adelina Ugalde, vendedora de las fracciones premiadas.

“Gordo” para tres nicas en Costa Rica

Tres humildes nicaragüenses amanecieron el lunes con 15 mil dólares cada uno Vanessa Loaiza y Sergio Arce/La Nación COSTA RICA.- “Muchos son los llamados y pocos los elegidos”. Tan cierta y lapidaria, la anterior cita bíblica cayó como un balde de agua fría para miles de personas en Costa Rica que no disfrutaron del gran […]

  • Tres humildes nicaragüenses amanecieron el lunes con 15 mil dólares cada uno

Vanessa Loaiza y Sergio Arce/La Nación

COSTA RICA.- “Muchos son los llamados y pocos los elegidos”. Tan cierta y lapidaria, la anterior cita bíblica cayó como un balde de agua fría para miles de personas en Costa Rica que no disfrutaron del gran pastel de la lotería navideña.

A la cita con la fortuna sólo muy pocos estuvieron invitados, entre ellos tres humildes nicaragüenses, a quienes la suerte favoreció con el premio mayor. Cada uno de ellos amaneció el lunes con 15 mil dólares.

CONSTRUIRÁ SU CASA

Muy tempranito, el lunes, Andrés Castillo llegó a las oficinas centrales de la Junta de Protección Social de San José a cambiar su premio.

Entró serio y muy asustado. Al principio casi no quiso hablar con la prensa, pero al final reconoció que el dinero le servirá muchísimo para crecer, hacer su casa y quedarse en Costa Rica.

Tiene 26 años y vive en Quepos, al sur del país. Es un peón de construcción en la región y lo que gana apenas le alcanza para mantenerse (un peón gana 215 dólares al mes).

Castillo fue muy escueto en sus comentarios, no quiso hablar de su familia; sólo contó que había comprado la lotería en el centro de San José el domingo anterior.

TAMBIÉN DOMÉSTICA

Unos minutos más tarde apareció Norma Aguilar, otra señora nicaragüense de 43 años que ni siquiera tenía esperanzas de que el 83 se llevara el premio mayor de la lotería.

Como ella misma lo reconoce, no le gustan los números altos, pero le vendieron el 83 a cambio de tener un numerito más bajo.

Lleva nueve años en Costa Rica, y con su trabajo como empleada doméstica ha mantenido a sus seis hijos… y sola. En los últimos seis años han vivido en una sencilla casa en Concepción Abajo de Alajuelita, una humilde barriada al sur de la capital.

Ahora el dinero la tiene contenta e ilusionada. Asegura que esa suma le va a servir para montar un negocio propio, “para dedicarme al comercio”.

SUEÑO REVELADOR

Al filo de las 2:00 p.m. llegó otro jovencito de apellido Calera. A pedido suyo su nombre no ha trascendido, pues teme la reacción de los vecinos con los que convive en un problemático barrio al este de San José.

Él dejó la selección del número en manos de sus sueños. “Desde noviembre me he estado soñando con el 83 y mi suegra me motivó a comprarlo, la verdad lo dejé en manos de Dios”, comentó sentado en una banca de la Junta de Protección Social de San José.

Calera tiene apenas 19 años y desde que tenía 9 vive en Costa Rica, aquí hizo su vida, pues prácticamente creció en este país.

El próximo año culminará su carrera como guía turístico, y para entonces espera estar casado y empezando la construcción de su hogar. “Si Dios me puso esto en el camino, Él sabe por qué hace las cosas”.  

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