- La reforma de la educación, de la seguridad social y una amplia amnistía para millones de mexicanos tendrán ahora que esperar tiempos más favorables.
La administración Bush está empeñada en acabar con el terrorismo, y se concentra en la titánica y terriblemente ambiciosa tarea de hacer de
Estados Unidos un lugar seguro contra amenazas externas
Sonya Ross (AP)
WASHINGTON.- La Presidencia de George W. Bush cambió súbitamente con tan sólo un susurro. El susurro fue el de Andrew Card, uno de sus más estrechos colaboradores, quien le dio el primer aviso —en una aula de clases en la Florida— de que un segundo avión se había estrellado contra las Torres Gemelas en Nueva York.
Estados Unidos estaba bajo fuego, le dijo Card.
Esa escueta frase transformó radicalmente los objetivos y prioridades del nuevo mandatario. Con esa frase, su agenda repleta de temas nacionales, desde renovar el sistema de seguridad social e impulsar la educación fue puesta de lado.
La nueva misión tiene ribetes quijotescos: el exterminio del terrorismo en el planeta. “Es nuestro deber. Se trata de una lucha entre el bien y el mal”, proclamó Bush.
Bush asumió esa responsabilidad a sabiendas que su desempeño —malo o bueno— sellará su legado como presidente.
Según observadores, Bush no tenía otra opción que ajustar sus prioridades tras los devastadores atentados terroristas del 11 de septiembre.
George W. Bush, que hacía escasos meses había ascendido a la Presidencia tras una reñida y polémica elección decidida por la Corte Suprema de Justicia, tenía la monumental tarea de sacar un país adelante tras una tragedia impensable.
Además, tendría que esperar. Por ejemplo, las iniciativas sobre educación, según dice Edward Turzanski, analista político y de seguridad nacional de la Universidad La Salle.
“Sería absurdo que alguien reclamara al presidente qué se propone hacer para mejorar la educación”, acotó Turzanski. “Ya no tiene por qué defenderse de ese tipo de ataques. Esas críticas conllevarán sus propias consecuencias para quienes las formulan”.
Por ejemplo, su intención —antes del 11 de septiembre—de otorgar alguna forma de amnistía a trabajadores ilegales mexicanos, se vino abajo, luego que se confirmó que muchos de los terroristas lograron entrar al país gracias a las lagunas en las leyes migratorias.
“Es como si se vino una enorme ola”, señaló Warren Haffar, experto en política exterior en la Universidad de Arcadia.
“Querían tener una ley aprobada para Navidad. Pero se fue por la borda, y ahora toda la atención está enfocada en hacer más estrictas las medidas de seguridad en las fronteras y los aeropuertos”.
MÁS INTERÉS EN POLÍTICA EXTERIOR
Los atentados también forzaron a Bush a que cambiara de opinión sobre su poco interés en la política exterior, como la situación en Bosnia.
Ahora, Bush está concentrado en impulsar un nuevo gobierno en Afganistán.
Es cosa del pasado la política inicial de su gobierno de mantenerse al margen del conflicto entre Israel y los palestinos. Recién mandó un enviado especial al Oriente Medio en procura de un cese al fuego entre las partes.
Al emplazar soldados estadounidenses en Afganistán, Bush prometió igualmente que iría tras otros objetivos, aparte de Ossama Bin Laden y su red Al Qaeda. Gente encumbrada en su gobierno propugna que Irak sea el próximo blanco.
Bush también ha puesto a prueba el mandato de su autoridad.
Apeló a poderes para detener, vigilar y deportar a sospechosos de actividades terroristas, y propuso la intervención de tribunales militares, algo no visto desde la Segunda Guerra Mundial.
En la semana anterior a los atentados, Bush abogó por un presupuesto nacional que reflejara “las prioridades del país”, como la educación y el gasto militar. También rechazó de plano sugerencias de que la reducción de impuestos socavaba una economía en declive, lo cual forzaría al país a volver a la ruta de abultados déficits. “Nos sobra dinero para cumplir con las necesidades del país”, afirmaba Bush.
En los días subsiguientes a los atentados, Bush prometió “acudir a todos los recursos de los Estados Unidos” para combatir el terrorismo. Nueva York recibiría 20,000 millones de dólares en ayuda, mientras que las aerolíneas y las aseguradoras hacían cola para recibir lo suyo.
El Gobierno no tardó mucho en darse cuenta que el costo era astronómico al punto que el propio Bush tuvo que amenazar con vetar su propia iniciativa contra el terrorismo, luego que los legisladores demócratas le añadieron 15,000 millones de dólares más al paquete inicial del Ejecutivo.
¿CUANTO AGUANTARA LA PACIENCIA DE LA OPINION PUBLICA?
Bush ha logrado salirse con la suya en buena medida al extraordinario respaldo que le ha dado una población deseosa que se haga justicia y que se pueda vivir en un clima de seguridad.
Pero esa ventaja, según expertos, tiene un elemento traicionero.
Bush tiene que cuidarse de usar la guerra contra el terrorismo como pretexto para descuidar las vicisitudes en el país.
“Sólo porque se está peleando una guerra, no se justifica que se deje a un lado la responsabilidad del presidente de dar soluciones a los problemas internos”, comentó Shirley Anne Warshaw, profesora de ciencia política del Gettysburg College. “No puede pasarse cuatro años hablando solamente sobre terrorismo. Los estadounidenses no lo tolerarán”.
Bush, no obstante, ha dicho que no aflojará un solo ápice su empeño contra el terrorismo. Los estadounidenses podrán olvidar, “pero yo no cejaré”.
Glen Sussman, académico de la universidad Old Dominion, opina que si bien los estadounidenses parecen ser pacientes con las políticas de Bush, por ahora, llegará el momento en que expresen su insatisfacción si perciben que se han sacrificado otras necesidades.
“Una cosa es llenarse la boca hablando de ello, pero otra es tomar medidas al respecto”, acotó Sussman. “No se puede dar el lujo de depender del bloque republicano en el Congreso. Tiene que tomar la iniciativa, porque los demócratas procurarán robársela”.
POLITICAS SE MANTIENEN
A pesar de todo, Bush se ha esforzado en mantener latentes ciertos objetivos, como la reducción de impuestos, el escudo antimisiles y la modernización de las Fuerzas Armadas, esto mediante la guerra contra el terrorismo. Otras prioridades simplemente se han esfumado.
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