La recesión mundial y las políticas de estímulo económico

José Luis Medal* Después de los ataques terroritas del 11 de noviembre, el presidente Bush inició la implementación de un paquete de estímulos económicos, para evitar que la economía de los Estados Unidos se sumerja en una prolongada recesión. Se ha aumentado el gasto público y paralelamene, la Reserva Federal o Banco Central, ha reducido […]

José Luis Medal*

Después de los ataques terroritas del 11 de noviembre, el presidente Bush inició la implementación de un paquete de estímulos económicos, para evitar que la economía de los Estados Unidos se sumerja en una prolongada recesión. Se ha aumentado el gasto público y paralelamene, la Reserva Federal o Banco Central, ha reducido nuevamente las tasas de interés, procurando producir un repunte de las inversiones y de la demanda de los consumidores. Ante esas medidas de estímulo, algunos observadores se preguntan si se trata de un retorno al keynesianismo.

Cuando John M. Keynes, escribió en 1936 su Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero, el mundo se encontraba en medio de la más profunda recesión, que conoció la economía mundial en el siglo XX: la de los años treinta, depresión, que dicho sea de paso, repercutió seriamente en la economía nicaragüense, afectando gravemente las exportaciones. La receta keynesiana, para salir de la crisis era sencilla. Si las ventas de las empresas se habían contraído, era porque no había demanda suficiente. Había por tanto que aumentar el gasto público, y bajar los impuestos y las tasas de interés, para estimular la demanda de los consumidores y las inversiones. Las políticas keynesianias se convirtieron en la receta predominante durante cuatro décadas —1940-1980—, tanto en los Estados Unidos como en Europa occidental.

El keynesianismo comenzó a ser rechazado en el mundo académico desde los años setenta. El Premio Nobel de Economía, Milton Friedman, comenzó a criticar el uso de políticas fiscales y monetarias discrecionales, utilizadas por el keynesianismo para intentar regular los ciclos económicos. Tanto la escuela monetarista de Chicago, como los llamados nuevos economistas clásicos, rechazaron el intervencionismo a nivel macroeconómico, pregonaron un retorno a políticas de presupuesto equilibrado y abogaron por una política monetaria neutral.

Fue sin embargo, la estanflación —estancamiento con inflación— de finales de los setenta y comienzos de los ochenta, lo que vino a dar al traste con las ideas keynesianas. Se argumentó que las políticas keynesianas, de déficit fiscal y de estímulo a la demanda agregada, no habían producido mayores tasas de crecimiento. Por el contrario, habían producido una mayor tasa de inflación y una recesión económica. Fueron, Reagan en los Estados Unidos, y la señora Thatcher, en Inglaterra, los que iniciaron la revolución antikeynesiana y pregonaron la necesidad de retornar a un presupuesto público equilibrado y a un menor rol del Estado. Paradójicamente, fue sin embargo, un Presidente demócrata, Clinton, el que vino a recoger los frutos de la revolución antikeynesiana. En la década del noventa, los Estados Unidos —y detrás ellos, la economía mundial— experimentó un largo período de recuperación económica, superándose con creces, los efectos de la recesión de los años ochenta. La expansión económica mundial de los años noventa, facilitó en Nicaragua el tránsito de una economía estatizada, hacia una economía de mercado.

Ese largo período de expansión económica, comenzó a debilitarse a mediados del año 2000. El 11 de noviembre ya la economía de los Estados Unidos se encontraba, después de una década de crecimiento, en una virtual desaceleración económica. El ataque terrorista vino a afectar la confianza de inversionistas y consumidores y precipitó la desaceleración económica mundial. Ante la nueva realidad, Bush no dudó en volver a utilizar el arsenal de políticas económicas de estímulo de corte keynesianas. Se aumentó el gasto público, se bajaron los impuestos y se redujo las tasas de interés. La política fiscal expansiva ha sido facilitada por el hecho de que Bush heredó un superávit fiscal del gobierno de Clinton. El retorno temporal al keynesianismo no ha sido únicamente en los Estados Unidos. Aunque en menor grado, tanto el Japón, como los países de la Unión Europea, han aplicado recientemente, políticas expansivas keynesianas.

En el caso de Nicaragua, aunque el país se encuentra en una situación de desaceleración económica, no se aplicarán políticas macroeconómicas expansivas, porque ello incidiría en las reservas internacionales y en el déficit comercial. El ESAF —denominado ahora PRGF— siempre incluye políticas macroeconómicas contractivas, lo opuesto a las políticas de estímulo que se están aplicando en los Estados Unidos. Sin embargo, el retorno temporal al keynesianismo en los EE.UU., repercutirá en nuestro medio. Una recuperación económica mundial, favorecería las exportaciones, las remesas familiares y los flujos de cooperación internacional. Muchos economistas consideran probable que las políticas keynesianas de estímulo económico produzcan un repunte de la economía de los Estados Unidos para finales del año 2002, lo que favorecería a Nicaragua. La futura reactivación de la economía mundial ejercería un mayor efecto positivo en nuestro medio, si se adoptaran paralelamente políticas de estímulo económico, uniformes para todos los sectores productivos.

* Economista  

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