Ley contra la pornografía

Al respecto de este tema lo primero que cabe preguntar es: ¿existe o no la pornografía? Esta pregunta pareciera necia a primera vista, pero hay personas —muy pocas, sin duda— para quienes la pornografía es un asunto tan personal y relativo que por lo tanto no debería hablarse de ella ni pretender definirla. Sin embargo, todos los diccionarios contienen alguna definición. El Diccionario Jurídico Cabanellas, por ejemplo, define la pornografía como “obscenidad en las obras literarias o artísticas, escritos u obras lascivas y conjunto de dibujos, grabados o pinturas obscenas”. El Pequeño Larousse, por su parte, la define como “representación complaciente de actos sexuales en obras literarias, artísticas o cinematográficas”. Y en una extensa investigación hecha a mediados de los años ochenta en los Estados Unidos, cuyos resultados están contenidos en el Reporte Final de la Comisión de la Pornografía del Fiscal General del Estado de 1986, se define como material que “es predominantemente explícito sexualmente y con la intención principal de la excitación sexual”.

Lo que sí es más que evidente son dos cosas: en primer lugar, que el acuerdo que existía antes sobre lo qué es y no es pornografía se ha venido debilitando, y en segundo lugar, que la producción, venta y circulación de material pornográfico en todo el mundo se ha multiplicado de manera vertiginosa. Lo primero obedece al cambio de mentalidad que produjo la llamada “revolución sexual” de los años sesenta que desplazó por completo todos los conceptos morales previamente establecidos, y lo segundo se debe, en gran parte, a la innovación tecnológica en los medios de comunicación a través de los cuales se puede distribuir ese material pornográfico. Así por ejemplo, la circulación de material pornográfico se ha multiplicado casi hasta el infinito a partir del nacimiento y proliferación de la red Internet.

Es evidente que en Nicaragua una vasta mayoría de la población está consciente de que los menores de edad deben de ser protegidos en contra de la exposición a la pornografía, y es quizás por eso que, haciéndose eco de esa conciencia, un grupo de diputados liberales introdujo recientemente a la Asamblea Nacional una iniciativa de ley con el nombre de “Ley de Restricción de Publicaciones y Divulgaciones Pornográficas”, aunque también hay quienes consideran que lo que pretende esa iniciativa de ley es abrir el camino para coartar la libertad de expresión y facilitar la represión gubernamental a los medios de comunicación.

En la exposición de motivos de la ley se dice que se origina “en la preocupación de querer preservar los valores morales de las nuevas generaciones de la sociedad nicaragüense…”. Creemos que independientemente de la intención que tenga esa ley, resulta evidente que los diputados que la proponen estarían pretendiendo, aparentemente, lograr un objetivo loable con un medio, por decir lo menos, totalmente inadecuado. Los “valores morales de las nuevas generaciones” no se preservarán con una ley como la propuesta. Los valores que valga la pena preservar se podrán preservar a través de una educación basada en la verdad de lo que es el hombre, o sea, inspirada en los valores y principios de la tradición judeo-cristiana.

Ninguna ley puede sustituir el papel de los padres en la educación y vigilancia de los hijos. Son aquellos quienes, en primera instancia, tienen que estar atentos para formarlos en el aprecio a la dignidad del cuerpo humano y de la persona humana y para controlar lo que ven, leen y escuchan. Sólo una formación así puede hacer que el niño vaya adquiriendo actitudes correctas hacia su sexualidad y, simultáneamente, de rechazo a la pornografía.

Está bien que se trate de evitar el acceso de material pornográfico a los menores de edad, y de informar a los adultos de los efectos negativos que la pornografía tiene aun entre ellos, pero no creemos que sea necesaria una ley como la propuesta, que por ser sumamente vaga en la definición de lo que debe considerarse pornográfico, podría estar dándole un enorme poder al Ministerio de Gobernación que podría el día de mañana ser indebidamente utilizado en contra de los medios de comunicación.  

Editorial
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