Omar Maradiaga Arroyo
Estaba leyendo el artículo “el proyecto de Salud” escrito por mi amigo el Dr. Rafael Antonio Díaz, para el Boletín Médico, dirigido por el Dr. Frank Cajina, donde en síntesis propone 3 puntos básicos, para mejorar la salud en Nicaragua.
1. Mayor presupuesto y enfatizar en la medicina curativa.
2. Medicina Preventiva Integral (infraestructura comunal, apoyo institucional y municipalismo alternativo).
3. Que el ministro de Salud sea médico y el viceministro sea una enfermera.
El problema de salud en Nicaragua no es tan simple como eso, ya que durante este tiempo ha habido ministros médicos y ministros no-médicos, persistiendo el problema de salud, sin que se puedan cumplir los programas en su totalidad.
Estoy completamente de acuerdo con la elección de doña Lucía Salvo como ministra de Salud, la cual tendrá que enfrentarse, no sólo con los problemas de presupuesto e incumplimiento de los programas en los diferentes Silais del país, sino que, y lo considero de vital importancia, desarraigar todos los vicios que se han venido arrastrando desde la década de los 80 y fue difícil controlar en los 90, exacerbándose, por prebendas políticas de los cargos en salud, con el gobierno actual.
En lo personal plantearía tratar de resolver 3 cuellos de botella en salud, resumiendo con algunos ejemplos.
1) Reordenamiento
El Ministerio de Salud es, probablemente, el ministerio que más cargos y funciones tiene. En los cargos administrativos tienen clasificaciones alrededor de 360 diferentes, y la sumatoria de cargos propios (médicos, enfermeras, camilleros, técnicos de laboratorio, rayos X, etc.) más los administrativos suman alrededor de 700 clasificaciones y salarios diferenciados, teniendo cargos-clasificaciones tan disparatados como “asesor del asesor” (ver Manual de Cargos y Funciones).
Toda esta maraña de cargos y funciones le cuesta al Minsa un enorme porcentaje del presupuesto en salarios de personal administrativo y, por demás, innecesario.
2) Equidad:
La distribución del presupuesto por grado de complejidad del Silais, todos los años se plantea, pero su ejecución no se realiza: como ejemplo, no es igual trasladar un paciente de cualquier municipio de Masaya o Managua al Hospital Infantil “La Mascota” o al “Lenín Fonseca”, que desde Bocana de Paiwas, Waslala, o Rancho Grande, los cuales le competen al Silais-Matagalpa, y lo asumen con igual asignación presupuestaria y combustible per cápita.
Existen médicos que ganan salarios al doble o triple que cuentan con igual o mejor calificación académica, e igual tiempo de estar graduados, y que al momento de recibir el cheque ocupan el mismo nivel de responsabilidad (médico de base, jefe de servicio, etc.), sin que se haga el menor esfuerzo, tanto por parte de las autoridades, como de los sindicatos de trabajadores para remediar estas anomalías.
3) Descentralización:
Desde el inicio del gobierno de doña Violeta se iniciaron los primeros proyectos para descentralizar la salud en Nicaragua, promocionados y patrocinados por la OPS, BID, Banco Mundial, se entrenó personal para ello, se crearon las Juntas Directivas del Silais y Juntas Directivas Hospitalarias con personas notables de la comunidad local. Existen 2 grandes enemigos de la descentralización, el primero es el Minsa-Central por el acápite 1) y en 2º lugar la gran rotación de personal capacitado debido a los vaivenes políticos.
El Minsa deberá ser un “ente regulador”, la comunidad deberá apoyar los programas.
Si se toman en consideración algunos de estos parámetros, asociados naturalmente a eficiencia, honestidad y simplicidad, la ejecución de los programas de salud se le facilitarán a doña Lucía.
El autor es médico internista.