Adolfo Olivas OlivasCORRESPONSAL/ [email protected]
La feligresía católica esteliana arribó a los 58 años de peregrinar todos los 12 de diciembre por las calles de la ciudad con la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, convirtiendo la celebración en una tradición religiosa.
La peregrinación sale de la vivienda de Dalia Hurtado Corrales, pasa por la Catedral y luego se traslada a la ermita Guadalupe en el barrio “José Benito Escobar”, luego retorna a su lugar de origen, después de la celebración de una homilía.
En la festividad religiosa los devotos de la Virgen dan testimonio de los milagros que han recibido como curaciones de enfermedades y la protección divina ante los peligros.
Es costumbre de los devotos disfrazar todos los 12 de diciembre a los niños y niñas de indios, en memoria del indígena mejicano Juan Diego, a quien se le adjudica el hallazgo de la imagen de la Virgen de Guadalupe en México.
INICIO DE LA TRADICIÓN EN ESTELÍ
La ferviente procesión fue organizada por primera vez por la devota Guadalupe Corrales de Morazán, quien mantuvo la tradición durante muchos años y fue continuada por su hija Guadalupe Corrales Valdivia.
Según relató doña Guadalupe Corrales Valdivia, la imagen de la Virgen de Guadalupe fue llevada a Estelí por el sacerdote Luis Fajardo (q.e.p.d.).
Corrales Valdivia, sostiene que en los 58 años de celebración la Virgen de Guadalupe ha hecho “milagros increíbles”, entre ellos la protección que brindó a los pobladores que estuvieron bajo fuego de metralla en los conflictos bélicos registrados en la ciudad.
La nieta de Guadalupe Corrales de Morazán, señora Dalia Hurtado Corrales, narró que en la guerra de 1978 la casa de su abuela fue atacada con tanquetas y un proyectil hizo impacto en el vidrio del cuadro, pero la bala no traspasó a la Virgen.
LA HISTORIA
Según los historiadores la imagen de la Virgen de Guadalupe fue hallada un 12 de diciembre de 1531, por el indígena Juan Diego, que cuando atravesaba el cerro Tepeyac escuchó bellos cantos de aves y luego se le hizo presente la Madre de Dios.
La leyenda indica que la Virgen solicitó que en ese lugar se le construyera un templo, pero las autoridades religiosas no creyeron en el relato del azteca y entonces la divinidad se le apareció nuevamente y ante la humilde protesta de Juan Diego, repitió su petición.
El indio vivía con su tío Bernardino, quien se encontraba sumamente enfermo, por lo mismo, en la madrugada del martes 12 de diciembre, prefirió buscar un sacerdote que pudiera dar auxilios espirituales a su familiar.
En el camino la Virgen se le vuelvió a aparecer y le entregó unas piedras florecidas que el indio puso en su tilma. Después que la Virgen las tocó, fue a la Iglesia y las entregó al obispo Juan de Zumárraga.
Entonces la Virgen se reveló estampada en la burda tela y simultáneamente se le apareció al tío Bernardino, con la misma figura que se aprecia en la tilma, para curarlo al instante y decirle que es Guadalupe, la Perfecta y siempre Virgen.
Actualmente, la imagen original, completa, intacta y sin añadiduras, se encuentra en el Santuario del Tepeyac, donde asisten millones de peregrinos de todo el mundo para rezar y solicitar intermediación de favores del Padre Celestial.