¿Será posible?

Edgard Rodríguez C. Fue a finales de la temporada de 1996, cuandolos dueños de los equipos de Grandes Ligas, llegaron a un acuerdo de caballeros que consistía en no ofrecer una cifra astronómica a Albert Belle, el cañonero que recién habría ingresado a la agencia libre tras un impactante historial en Cleveland. El acuerdo pretendía […]

Edgard Rodríguez C.

Fue a finales de la temporada de 1996, cuandolos dueños de los equipos de Grandes Ligas, llegaron a un acuerdo de caballeros que consistía en no ofrecer una cifra astronómica a Albert Belle, el cañonero que recién habría ingresado a la agencia libre tras un impactante historial en Cleveland.

El acuerdo pretendía dos cosas: dar la oportunidad a los equipos de bajos ingresos de poder optar a figuras del calibre de Belle y a la vez, intentar un freno para la espiral salarial que ya mostraba sus garras. Todo parecía ir bien, mientras Belle hacía un tour por varias ciudades promoviéndose.

Recuerdo que estuvo en Miami donde visitó el estadio y conversó con Wayne Huizenga, el entonces dueño de los Marlins y luego se marchó. El equipo floridano nunca pareció estar en posición de poder contratar a Belle, pero valía la pena ver qué sucedía. El chance estaba ahí y la situación lucía controlada por los dueños sin necesidad de recurrir a un pacto escrito.

Estaban siendo caballeros, hombres de honor, capaces de honrar su palabra. Bueno, eso se pensaba hasta que salió con Jerry Reinsdorf, el dueño de los Medias Blancas y con un trato de 59 millones, capturó al recio toletero, mientras los demás parecían hacer el papel de tontos.

En realidad, no lo hicieron. Fueron honestos aunque perdieron a Belle. El gran perdedor fue el béisbol, que movido por la desconfianza entre los propietarios a partir de entonces, se vio atrapado por el monstruo de los salarios, cuyo antídoto aún no parece cerca de ser descubierto.

Ahora la lucha se libra en otras esferas. El comisionado Bud Selig ha tenido que ir al Congreso a dar explicaciones mientras le tuercen el brazo y el juego es acechado desde varias direcciones. Y el problema no sólo fue Reinsdorf, pero su actitud se convirtió en un buen detonante.

¿Cómo andamos aquí?.. Todos los años pensamos que iremos a un campeonato ordenado, en el que el respeto sea la base de todas las relaciones. Y aún cuando desde el propio inicio hay señales poco alentadoras, vale la pena hacer un esfuerzo por enderezar la ruta.

Los casos de Edgard López y Jairo Pineda están ahí y demandan una solución. Ojalá casos como esos no sean una constante. Necesitamos un cambio de actitud.  

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