- Puntos de Encuentro presenta libro “Relaciones peligrosas: mujeres, hombres y el Mitch”
Gabriela Roa Romero [email protected]
Existe una fuerte reducción de las mujeres que cuentan con un trabajo productivo, como consecuencia de los desastres que ocasionó el Mitch, según el estudio “Relaciones peligrosas: mujeres, hombres y el Mitch”, impulsado por Puntos de Encuentro.
El estudio estuvo a cargo de Sarah Bradshaw y se realizó en cuatro comunidades afectadas por el desastre: Estelí, León, Wiwilí y Dipilto, con el objetivo de analizar el impacto que tuvo el fenómeno en los roles y relaciones de género, y sus intervenciones en la reconstrucción.
Los resultados del estudio pronto estarán accesibles en la página web www.puntos.org.ni.
REGRESARON A SER AMAS DE CASA
Después del Mitch, muchas mujeres regresaron a ser amas de casa y se incrementó el número de hogares que dependen de un solo trabajador agrícola, que a menudo es varón.
“Esto tiene grandes implicaciones en las relaciones desiguales de poder”, señaló Teresa Hernández, una de las investigadoras, durante la presentación del libro en Puntos de Encuentro.
Hernández aclaró que los efectos de los desastres son producto de las acciones de los seres humanos y dependen de la situación del país.
Además, explicó algunos conceptos importantes como vulnerabilidad, las necesidades prácticas y estratégicas de género, y la definición del hogar como sitio de reproducción de las relaciones de poder, entre otros.
En el libro se menciona que no se ha logrado mejorar la situación de las mujeres, es porque los proyectos de reconstrucción se han enfocado mayoritariamente en las necesidades prácticas, y no han tenido como resultado mayor acceso y control de recursos y mejoramiento en la condición social de las mujeres.
Además, se reveló que los proyectos de reconstrucción enfrentan graves limitaciones para su actuación, “carecen de información confiable y tienen debilidades para definir las necesidades y prioridades. Generalmente son proyectos de corto plazo y no se han podido implementar nuevos sistemas de seguimiento y monitoreo”, dijo.
Se observó la falta de coordinación entre las organizaciones, de modo que muchas veces se concentraba la acción en las mismas comunidades e incluso con mucha frecuencia en las mismas personas.
La participación en el trabajo comunitario tenía como resultado la disminución en el tiempo de las personas para participar en sus actividades productivas.
“Llamó mucho la atención, porque las más jóvenes quedaron como al margen de los procesos de reconstrucción”.
Hernández explicó que las jóvenes tuvieron un menor acceso al trabajo productivo y a la participación en los proyectos comunitarios.
En el estudio se brindan algunas pistas para monitorear los proyectos y tener indicadores de cómo dirigirlos para la transformación desigual entre hombres y mujeres.
Algunas de ellas son: invertir tiempo y dinero en un diagnóstico sobre la situación, pero que sea incluyente y participativo, además de asegurar la participación de las mujeres jóvenes en los proyectos de reconstrucción.
Identificar las necesidades y prioridades de las diferentes personas con base en un análisis de las vulnerabilidades y capacidades de la comunidad diferenciadas por género.