Zacarías Chamorro [email protected]
Se ha hablado mucho de los megasalarios y de que había un señor (cuyo nombre todos lo sabemos) que ganaba 25,000 dólares al mes asesorando al Presidente. Eso fue a todas luces un exceso, nadie lo discute.
También se ha enviado recientemente a un académico teoricista a que escribiera un caso del Incae sobre cuánto gana un ministro en Latinoamérica. Los resultados ya vinieron y eran de esperarse: Gana desde $2,500 hasta $15,000 al mes. No había necesidad de hacer ese estudio, porque se sabe que el que gane $2,500 es sólo su básico sin considerar los “caidos”, y el que gana más trabaja en un país más próspero, con responsabilidades más complejas y probablemente, en un país menos corrupto.
Me di cuenta de que don Enrique le ofreció un cargo en el gobierno a un alto profesional del sur de la Florida y que ha andado con el ingeniero Bolaños en varios lugares. Tres mil dólares mensuales fue la suma que le ofreció por una asesoría presidencial. El mencionado profesional la está pensando, y no cree que va a poder aceptar debido a que gana más en el trabajo que tiene en Miami.
Podemos caer en la tentación de decir: — “¡Bueno, si quiere ayudar a su patria debe sacrificarse y ganar eso, que no está mal! ¡Y si no, que se quede donde está, que estos puestos no son para enriquecerse!”
Si don Enrique quiere talento tecnócrata del bueno en su gabinete, debe pagarles bien. Un poquito menos de lo que la empresa privada les paga, pero no tan poco como para que sea ridículo.