Ricardo Illescas Hidalgo*
Muchas personas suelen ser bastante folclóricas cuando califican un acto humano o jurídico. Por ejemplo, recuerdo que durante mi infancia en alguna ocasión una empleada se llevó un adorno de la sala de nuestra casa y mi hermano que es “pueta”, dijo: “ya se hueviaron el borracho del farol”, en alusión al adorno desaparecido. La expresión era para mí desconocida y me motivó a preguntar ¿qué significaba el vocablo? Mi hermano me explicó que se dice hueviar o vaginear cuando una persona se apropia de lo ajeno recurriendo a introducir o entreponer las cosas entre sus partes íntimas.
Años después, ya recién graduado y mientras ocupaba el cargo de Gerente General del Centro Comercial Managua, conocí como parte de los gajes del oficio, que algunas personas del sexo femenino, visitaban las tiendas y se iban a los lugares más apartados de las mismas y al menor descuido de los dependientes o dueños de los almacenes venían y se introducían o entreponían tostadores de pan, fax, ropa, radios o cualquier otro artículo de valor entre las piernas. Los comerciantes y vigilantes del complejo les llamaban “gancheras”, normalmente estas mujeres andaban bien vestidas y acompañadas por otra persona que les ayudaba a distraer al personal de la tienda.
Hace un par de años, creo que a inicios del gobierno liberal, el señor Alemán brindó una conferencia de prensa en la que un periodista le habló de actos de corrupción en el gobierno liberal; el presidente, hoy saliente, se limitó en contestar que esas eran “raterías”. Si analizamos, el señor presidente es un abogado, que según un ex catedrático de Derecho de la UNAN-León y hoy magistrado, fue un excelente alumno; sin embargo, este excelente alumno dejó a un lado el tecnicismo y lo que la literatura criminológica llama: delincuencia económica, delincuencia de cuello blanco, delincuencia profesional o delincuencia de caballeros, el señor Alemán se limitó a llamarla como ya dije: “raterías”.
En el Diario LA PRENSA, Edición No. 22566, se lee en primera plana: “Pozos misteriosos en finca de Alemán”, en dicho artículo se menciona que es vox populi que la finca es del mandatario nicaragüense. Continúa la nota periodística y señala, en el siguiente párrafo, que un trabajador de Enacal-Boaco, aseguró que los equipos que se encuentran en la finca “Buena Vista”, ubicada en la carretera Boaco-Muy Muy [por cierto que es curioso que esa carretera que es nueva, pase cerca de dicha finca, ¿otra coincidencia benéfica?] son de Enacal Central.
También en el Diario LA PRENSA, en ediciones recientes, se mostraba la ruta que siguieron ciertos cheques que aparentemente vinculan a miembros del gobierno saliente con actos de corrupción. En ambos casos, ningún funcionario del gobierno aludido ha dicho esta boca es mía para “tratar de aclarar” el asunto, es de pensar que a veces es difícil tapar, esconder, disimular, disfrazar, ocultar o aparentar la verdad de ciertos actos humanos.
Tal vez debamos gastar un poco de tiempo en enriquecer nuestro vocabulario folclórico, ya que no podemos hacer nada por el patrimonio del Estado, no el nuestro, que ante nuestros ojos se está empobreciendo en perjuicio de unos y beneficio de otros.
La pregunta de rigor es, ¿cómo deberíamos llamar de forma folclórica a tales actos? Pregunto, ¿es inapropiado decir que se hueviaron los cheques, o que se los vaginearon; o bien, que es otra ratería, si fuera el caso? El fondo del asunto no debe causar mayor preocupación a la ciudadanía nicaragüense puesto que estamos indefensos y en situación de momias que no podemos hacer nada, según la actitud de cierto miembro de la Contraloría Colegiada.
Sería conveniente que los periodistas solicitaran al señor Presidente —cuando tengan la oportunidad, si es que la tienen antes de la entrega de gobierno— que es una persona calificada en dichos y refranes o como dice un son mexicano “es un dicharachero”, su opinión respecto a esos casos para saber si son “raterías”, delitos económicos, delitos de caballeros, delitos de cuello blanco o simplemente son un cuecho periodístico más; sin tratar de ser peyorativo con los medios de comunicación social.
*El autor es Contador Público.