Edgard Rodríguez C. [email protected]
Cada cinco días, cuando sube a la colina, Vicente Padilla despliega todo su material. Trabaja en serio. Pero objetivamente, su mente está situada en un puesto de la rotación abridora de los Filis de Filadelfia y espera quedarse con uno a través de la temporada del 2002.
Los Tomateros de Culiacán, sin embargo, han sido retribuidos con su inversión en Padilla. Luego de cinco salidas tiene récord de 3-1 y 0.75 en efectividad, mientras abanica a 34 bateadores en 36 entradas lanzadas. Ha sido un dominio exuberante y hasta debería ir invicto.
“Yo he venido aquí a trabajar duro, a rendirle a los Tomateros y a la vez a prepararme para llegar en las mejores condiciones posibles al entrenamiento de primavera con los Filis”, señala Vicente, quien tras una larga estadía en Triple A, finalmente parece listo para brillar.
La mira del nica está colocada en la rotación. Mientras no se contrate a agentes libres de primer nivel, sus opciones estarán al máximo. Incluso, aún cuando los Filis agreguen uno o dos brazos más, las posibilidades estarán ahí, son que sustancialmente reducidas.
“No sé qué planes tienen los Filis en cuando a la gente que podrían contratar. Eso no lo puedo controlar. Lo único que debo hacer es trabajar duro y demostrar en el spring training que estoy preparado para merecer una oportunidad”, señala el nica con firmeza.
Después de haber sido ascendido a las Mayores en 1999 por los Diamondbacks, quedó claro que Vicente necesitaba un poco más de paciencia y que esa rápida promoción, no significó otra cosa que un rápido tropiezo. Desde entonces, la lucha ha sido permanente.
“Entre el Vicente que lanzó en aquel momento y este de ahora hay mucha diferencia. Aún tengo que aprender más, pero estoy contento con el manejo que tengo de distintos lanzamientos y de la mejoría que he conseguido en mi control”, dice.
De acuerdo con detalles que llegan desde México, los disparos de Padilla han conseguido aceleraciones de hasta 98 millas, mientras hace averías con un slider siempre devastador y un cambio que ha alcanzado nivel de Grandes Ligas.
“Lo importante es que uno descubre que la cuestión no sólo es tirar fuerte, sino lanzar con inteligencia, mezclar y no levantar la bola. Eso he hecho todo el año desde que estuve en las menores y es el patrón que utilizará en el spring training”, sostiene.