No es nuevo que el deplorable estado higiénico-sanitario de nuestro país ahuyente el turismo. A mediados de los noventa el violento brote de leptospirosis que atacó el Occidente de nuestro país atemorizó a varios aviones cargados de turistas que pretendían aterrizar en Montelimar.
Es decir, barcos y aviones cargados de personas dispuestas a dejar divisas en Nicaragua han buscado otros destinos turísticos porque temen por su vida y seguridad personal, a pesar de su grandiosa belleza natural y de la condición amable de sus pobladores.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha sido enfática en señalar que generando buenas condiciones de salud y vida se garantiza el desarrollo turístico. Nicaragua es el país de Centroamérica que tiene la mayor cantidad de casos acumulados de dengue clásico y dengue hemorrágico. La mayor cantidad de muertos. Circulan en Nicaragua los cuatro virus del dengue.
La conducta del Gobierno y del Ministerio de Salud es propia de una crónica de muerte anunciada. La incapacidad para el manejo preventivo y el control del dengue se manifiesta por brotes epidémicos habituales que afectan especialmente a niños y producen muertes injustas. La ministra de Salud no ha sido capaz de explicar ante los medios de comunicación el rumbo que lleva el repunte epidémico.
¿Hasta cuándo continuaremos enterrando a niños y niñas que mueren por falta de prevención? ¿Permitiremos que la gente en el mundo piense que no vale la pena venir a este maravilloso país? Exigimos el cumplimiento del artículo 59 de la Constitución Política que establece el derecho que tenemos los nicaragüenses a la salud.
Dr. Vicente Maltez Montiel
Profesor y Especialista en Medicina Interna