Estudiantes del Colegio Bautista durante una demostración a favor de la preservación del ambiente, en la Plaza de la República (1990). (Inserta) Profesora Blanca Rosa Escobar de Ketelhöhn.

La dulce Blanca Rosa Ketelhöhn y los tiempos viejos del Bautista

Tocar el tema del Colegio Bautista fue provocar un torrente de recuerdos que permanecían adormecidos en las mentes de miles de ex alumnos de esa institución, que ahora desempeñan importantes funciones en la vida nacional y que, precisamente, por estar imbuidos en sus quehaceres, no tenían referencias sobre su Alma Mater Mario Fulvio Espinosa [email protected] […]

  • Tocar el tema del Colegio Bautista fue provocar un torrente de recuerdos que permanecían adormecidos en las mentes de miles de ex alumnos de esa institución, que ahora desempeñan importantes funciones en la vida nacional y que, precisamente, por estar imbuidos en sus quehaceres, no tenían referencias sobre su Alma Mater

Mario Fulvio Espinosa [email protected]

Cuarenta años de docencia. Cuarenta años tratando de inculcar valores religiosos, morales, cívicos y culturales para formar generaciones que coadyuven al desarrollo del país. Cuarenta años de vivificantes realizaciones, pero también de sinsabores, que para ser soportables tienen que endulzarse con torrentes de lágrimas.

“Durante mi magisterio muchos me demostraron cariño, pero ahora me siento olvidada, algunas de mis ex compañeras venían a verme los viernes, pero ahora se han ausentado. Vivo con una pensión de mil quinientos córdobas, y si no fuera por la ayuda de mis hijos no sé qué sería de mí”.

Su nombre: Blanca Rosa Escobar de Ketelhöhn. Nació en el Barrio San Sebastián, en una casa ubicada frente al Colegio Lourdes, estudió en el Colegio de Señoritas de doña Chepita de Aguerri, a los veinte años contrajo matrimonio con el ciudadano alemán Hans Ketelhöhn, junto con él fue deportada de Nicaragua durante la Segunda Guerra Mundial, regresaron en 1949, diez años después quedó viuda y a cargo de cuatro hijos, Georg, Verner Rudolph, María Helena y Rose Marie.

En 1960, a petición del profesor Leonardo Wilson, pasó a formar parte del cuerpo docente del Colegio Bautista en calidad de supervisora de quinto y sexto grados. “Cada grado tenía tres secciones, así que en total eran 350 alumnos a los que tenía que controlar, y preparar el plan del día”, dice.

Los testimonios de sus ex alumnos —demasiados para mencionarlos— señalan que Blanca Rosa era una “chelita bonita y airosa, dulce como la miel, con gran capacidad de persuasión, y con excelente don de mando”. La fotografía que encontramos en la memoria del Colegio (año 51), confirman sus encantos, y sobre su metodología docente esperamos que el lector tenga referencia cierta con lo que dice.

RECORDANDO A LA SEÑORITA BLACKMORE

Como lo informamos la semana anterior, el Colegio Bautista fue fundado en 1917 por la misionera inglesa Eleanor M. Blackmore, a quien ayudaron las señoritas Dora Edna DeMoulin, Marcia Cudword, Mary Buther, Ida Warnock y Nalli Lunener. “En aquel tiempo no había colegios evangélicos, y aquello preocupó a la señorita Blackmore que fundó la escuelita que posteriormente sería el Colegio Bautista. En lo personal no conocí a la señorita Blackmore”.

¿Me decían que en los colegios católicos no aceptaban evangélicos, y en los evangélicos aceptaban a los católicos?

Sí, en esos años existía intolerancia de parte de los católicos hacia los evangélicos, si éstos pasaban les tiraban cáscaras y de vez en cuando piedras. Poco a poco se fueron aplacando las cosas. En cuanto a los evangélicos, éstos tenían más tolerancia en relación con los católicos.

¿Es cierto que en el Bautista no aceptaban católicos?

No es cierto. Yo no soy evangélica, nunca he sido evangélica. Soy católica y respeto todas las creencias. Asistía a todos los eventos, y una tarde le dije a don Gustavo Parajón: “Usted no ha hecho nada por invitarme a los cultos”. “Pero es que usted es cristiana, usted es de allá” —me dijo. Yo le daba gracias a Dios porque él siempre me ponía por lo alto, porque era como un pan dulce para la gente.

¿Cómo comenzó a ligarse con el colegio Bautista?

Cuando regresamos de Alemania quisimos matricular a mi hijo Georg en secundaria, pero míster Wyse le dijo: No, no; no, usted es un portento, sabe mucho de todo, pero necesita saber mucha historia y geografía de Nicaragua. Es mejor que haga su sexto grado y aprenda bien español. Mucho lo quiso míster Wyse, y cuando mi hijo murió en Miami, todos los hijos de míster Wyse me enviaron flores y todos tenían una anécdota que contar de mi hijo. El otro estudió en el Bautista y después sacó un doctorado en los Estados Unidos, ahora trabaja en Suiza. También mis hijas pertenecieron al Bautista, pero yo me quedé con Helen aquí, Helen trabaja en Casa Palazio. No quiero hablar sólo bellezas de mis hijos, pero los cuatro hijos que tuve fueron buenos alumnos del colegio Bautista.

También tuve mis sinsabores con algunos padres de familia, porque si uno llamaba a uno de ellos para darle quejas teníamos que saber cómo abordarlos. Una vez me llamó la profesora Miriam Arellano, ahora de Sandoval, y me dijo: “Ahí viene la señora fulana, y viene a darnos una buena tratada. ¿Y por qué?, le preguntaba yo. Porque dice que su niña le dijo esto y lo otro y así y asá. Bueno, la voy a esperar. Y llega la señora, se sienta y comenzamos a platicar, y va de plática y plática y yo le expuse el caso. Total que sale la señora contentísima y se encuentra con doña Miriam que estaba pendiente del caso, y después ella me contó que dijo: “Esa señora me convenció”.

Son cosas que pasan cuando uno está trabajando con diferentes tipos de personas.

En cierta ocasión se pusieron de moda los billares. Yo iba personalmente a sacar a los alumnos de esos salones que se consideraban albergues de vagos. Mi hijo grande me decía: “El día que te den un garrotazo con el taco, ahí me vas a contar si seguir insistiendo en sacar a los muchachos del billar. No vaya, no vaya.

BAJANDOA RUEDOS A LAS MINIFALDAS

¿Otras anécdotas de esa vida magisterial?

Las antiguas misioneras eran señoritas muy recatadas. Andaban con vestidos sencillos y largos. El reglamento del Colegio en un tiempo establecía que la falda de las muchachas debía llegar debajo de las rodillas. También se entendía que la profesora que iba a dar clase no podía andar con una falda corta porque cuando tiene que escribir en el pizarrón los alumnos le ven todo y se distraen. ¡Ah, si las señoritas fundadoras resucitaran y miraran cómo es ahora! Volverían a caer muertas.

Es que los tiempos han cambiado…

Es cierto lo que usted dice de que los tiempos han cambiado, pero siempre a las muchachas les ha gustado enseñar y darse su pintadita.

Les voy a contar otra anécdota. Había una niña que ya murió. Era una muchacha hermosísima. Era originaria de Jocote Dulce. Era una morena hermosa y le encantaba subirse la falda. Y yo le dije: “Usted misma va a componer su ropa aquí, mañana voy a tener hilo, aguja y tijera para que le baje a sus faldas. Hubo un revuelo pero ellas mismas hicieron la labor.

En mi calidad de supervisora me encantaba que los servicios higiénicos para señoritas fueran súper aseadísimos. Sin embargo, siempre hubo alumnas que pintaban en las paredes corazoncitos con flechas y nombres de sus novios, entonces yo aprovechaba cuando ellas estaban allí reunidas para ir con un trapito empapado en alcohol a borrar los graffitis. No era difícil porque las paredes estaban pitadas con pintura de aceite, ellas miraban mi trabajo… y los rótulos poco a poco desaparecieron.

En ese tiempo había en el colegio hasta dos mil alumnos, y cuando subieron los sandinistas ese número creció hasta tres mil.

¿Algunas cosas que no le gustaron?

Me molestaba la falta de abnegación de muchos profesores. Desde aquellos que sólo estaban pendientes de la hora de salida, hasta los de secundaria que poco les importaba la actitud que asumieran sus alumnos. Si estaban mal sentados les venía flojo, no les decían “Siéntese bien”, si van a salir no les enseñan a decir “con permiso”, si comían en clase igual, en todo eso estaba yo llamando la atención.

¿Hubo intolerancia en el colegio hacia los alumnos católicos?

De ninguna forma. Yo misma era católica y ellos lo sabían. Es cierto que había una clase de Biblia, pero la Biblia no es nada malo. Sin embargo, recuerdo a una alumna muy linda y aplicada que tenía el nombre de una piedra preciosa, estaba en sexto grado, era chelita, bonita. La que daba Biblia era católica, era la señorita Jenny Pravia. La muchachita estaba hosca, con los ojos cerrados y tapándose los oídos, en actitud negativa hacia la profesora, y todas las demás estaban viéndola. Me dijeron y yo la llamé aparte y le dije: “¡Mire qué notas más lindas tiene usted! —porque era excelente alumna— ¿por qué bajar este promedio por una sencilla clase?” “Es que yo soy bien católica y también mi mamá y mi familia” —me dijo. Pero su mamá estaba consciente de que éste es un colegio bautista, y además nunca nadie la ha molestado por ser católica, de modo que no tiene por qué taparse los oídos si no le están hablando del diablo sino de Dios, de su palabra, de los profetas… Ella me contó que tenía un hermano que se estaba haciendo sacerdote en España, entonces le dije: escríbale y pregúntele que si para usted es prohibido estar en este colegio. Además, usted no puede estar haciendo esos ademanes porque usted es una niña educada, y lo que allí digan de alguna manera le va a servir en su vida.

Pues mire, la muchachita dejó esa actitud y fue una de nuestras mejores alumnas, después siguieron las hermanas, y así, pero es que el profesor debe tener maneras para decir las cosas, porque a la fuerza no hace nada.

De los directores del Bautista, ¿cuál fue el que impactó más en usted?

Míster Wyse era cabal pero algo retrógrado, lo que él decía eso era y nada más. Pero fue un excelente director. Después vinieron otros directores, entre ellos uno al que le encantaba la pintura y ordenó pintar todo el colegio, y quería que todos fuésemos dibujantes.

Yo trabajé ahí y di mi vida por los muchachos, por las niñas, si había un muerto allá iba yo, si había un enfermo lo mismo, a veces me acompañaban la Coquito, doña Lidia, Thelma Robles o doña Ventura Rocha de Morazán.

Recuerdo a Thelma Robles, era profesora del área de estudios sociales, recuerdo que a don Tomás Urroz le encantaba meterse en el aula de ella para escuchar su clase… ¡viera qué mujer más inteligente!

Bien recuerdo a don David McFields, Leonardo Tom, Steadman Fagoth, que no era este Fagoth de ahorita, porque yo no soy política, pero a mí me gusta que la gente sea de una sola cara. Uno tiene que ser cabal. Porque en el colegio sí se tomaba en cuenta a la Costa Atlántica.

¿Nunca tuvo el colegio diferencias con la dinastía de los Somoza?

Cuando murió la madre de don Gustavo Wilson en Bluefields, alguien llamó a Somoza, y recibimos un comunicado donde nos ponía a la orden el avión presidencial que va a llevar unas coronas, si quieren ir a los funerales lo podemos llevar.

Nos fuimos, pues, la hija del profesor Wilson, Gilberto Aguirre —al que le decían “Cosita” porque la mamá vendía cosa de horno— muy buena persona y una persona de mando, porque usted, si tiene mando, debe ser obedecido.

También iba la supervisora, y doña Candelaria Zamora le dijo: “Vaya usted también, pero no se le despegue a doña Blanca Rosa”.

Llegamos, pues, de riguroso vestido negro y todo, y nos toca un calorazo horrible. Aquello estaba repleto de gente. Y yo decía: ¿dónde nos vamos a quedar aquí? Y se me acerca la señora de Prado y me dice: No se aflija que ya tengo su cuarto en mi casa. Es que yo no ando sola, le dije. ¿Y quién anda, además? Pues una profesora e Ignacio y Gilberto. Pues no importa, y nos pusieron en una casita preciosa, que no parecía de Nicaragua. Es decir, que la relación del Colegio con el gobierno de los Somoza no tuvo roces, fue normal, pero fue mejor durante la época sandinista.

¿Qué recompensa tuvo por sus cuarenta años de magisterio?

Me retiré el año antepasado. Le voy a decir, señor, mis ex compañeras de trabajo venían aquí los viernes a verme, ahora me han olvidado.

Deje que le cuente que en 1927 llegó a Nicaragua el aviador norteamericano Charles Lindberg, le prepararon muchos homenajes. Lindberg recién acababa de perder a su hijo, se lo habían secuestrado. Pues Lindberg venía sobre la avenida del Campo de Marte, era un héroe porque fue el primero en atravesar el Atlántico en un pequeño avión… Entonces el profesor, el doctor Leopoldo Sánchez, que se bachilleró en el colegio y fue director del Hospital Bautista y además hablaba inglés, pronunció un discurso regio desde un balcón de la esquina sur de los Hermanos Cristianos. El doctor Sánchez murió hace poco.

¿Su mejor recompensa?

Muchos directores han pasado por el colegio, en algunas cosas yo no he estado de acuerdo, pues me parece que se hace mucho énfasis en las ganancias, sin embargo, siempre me tomaron en cuenta, aquí el único que ha venido a verme es don Gustavo.

A mí me da el seguro social una pensión de mil quinientos córdobas, si no fuera por mis hijos que me envían dinero no sé cómo haría. Con eso apenas compro mis medicinas para la presión.

Aquí hay una tradición histórica que demuestra poco aprecio hacia maestros y profesores.

ENFERMA, PERO ATENTA

La profesora Blanquita Escobar de Ketelhöhn padece ahora de molestias causadas por la alta presión, pero vive atenta desde su retiro sobre las cosas que suceden en el Colegio Bautista, donde pasó cuarenta años de su vida.

¡VAYAN A VISITARLA!

También la profesora Blanca Rosa Escobar de Ketelhöhn se prepara para participar en el encuentro de egresados (NEXBA 2001) del colegio el próximo 16 de diciembre

Esta maestra de generaciones permanece casi olvidada por sus ex alumnos, aunque tiene el cariño de sus hijos

Cariño, amor, gratitud y compañía deberían ser los reconocimientos que se deben brindar a los viejos mentores.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí