- A los 5 años comenzó a lustrar, ahora vende periódicos y ha logrado llegar a 4to. año de bachillerato. Su meta es ser médico cirujano, y es que un médico, a quien le entregaba diariamente el ejemplar de LA PRENSA lo inspiró, “al verlo tan bonito, vestido de blanco y atendiendo a gente enferma”
Martha Marina GonzálezCORRESPONSAL/[email protected]
No tuvo una infancia feliz. A los cinco años, en vez de tener en sus manos un juguete, empezó a cargar una caja de lustrar. Durante varios años recorrió las mismas calles gritando: ¿va a lustrar? ¿va a lustrar?.. Luego pasó a voceador, y ahora sigue pregonando a lo largo y ancho de Somoto: ¡LA PRENSA! ¡LA PRENSA! ¡LA PRENSA!
Mauricio Alvarenga García, de 17 años, cursa el cuarto año de bachillerato y dice que no quiere ser toda la vida lustrador o voceador. Su gran ilusión es llegar a ser médico cirujano para servir a los más pobres de Somoto, de donde es originario.
SU MADRE HACE TORTILLAS
Su madre, doña Alba Luz Alvarenga, de 56 años, se muestra muy ansiosa por las pretensiones de su hijo. “No sé cómo va a lograrlo, a él se le ha metido que quiere ser médico y yo soy muy pobre, me dedico a hacer tortillas y con lo que me gano apenas da para la casa, yo no voy a poder”, dice.
Mauricio Alvarenga es el número 13 de 14 hermanos; su padre, Juan Ramón, se dedica al trabajo del campo, y con la venta de tortillas, la familia ha logrado sobrevivir, todos han cursado estudios primarios y algunos con esfuerzos propios, uno de ellos es profesor de danza en Managua.
UNA EXPERIENCIA FORMADORA
Este entusiasta adolescente es uno de los 500 niños, niñas y adolescentes trabajadores de la calle que desde hace 10 años está integrado en un programa que impulsa el Inprhu en la ciudad de Somoto.
“Yo andaba en la calle trabajando y me encontró Fidelita, responsable del Programa “Niños, niñas, adolescentes trabajadores de la calle”, y me dijo que si quería estar en el proyecto, y me apunté, y ahora vendo periódicos a LA PRENSA, y no me da pena aunque algunos se burlen”, expresó con dignidad.
Cuenta que la idea de ser médico le vino a la cabeza cuando entregaba LA PRENSA al doctor Ariel Brenes, “me pareció tan bonito verlo vestido de blanco y atendiendo a gente enferma”, manifiesta.
Mauricio entregó el periódico al doctor y en silencio se dijo a sí mismo: “Yo también voy a ser doctor”, y esa idea la repetía una y otra vez hasta que llegó a su casa y le comentó a su madre.
Mauricio es un adolescente sensible a los problemas sociales, no puede contener las lágrimas cuando él ve a otros niños deambulando por las calles “me dan ganas de llorar, y no me aguanto porque ahí estuve yo”, afirmó con lágrimas en sus ojos.
UN ESFUERZO PARA BIENESTAR DE SU MADRE
“Mamá, yo quiero ser médico para ayudarle a usted, si algún día llego a ser médico será para mantenerla sentadita, que tenga el pan y el pollito a tiempo, nunca más echará tortillas”, ese sueño no se le ha borrado de la memoria de la madre de Mauricio, lo conserva con la única esperanza de que algún día sea una realidad.
Su progenitora también está ilusionada con la idea de que su hijo se convierta en un médico, y aunque dice que no habla muy bien porque le faltan los dientes, aseguró: “Yo no le voy a ayudar porque no tengo, lo más que le puedo dar es el jabón y alguna camisa, pero él va a ser médico, y cuando lo logre voy a estar con un bordón y él me va a hincar para ponerme alguna inyección”.