Tito rondó[email protected]
Por fin llegó el día de la inauguración, esperado casi con desesperación.
Atrás había quedado un montaje insólito, algo nunca antes visto en Nicaragua.
Se habían remodelado o contruido cinco estadios iluminados; se había movilizado a docenas de los más grandes empresarios del país para que ayudaran monetariamente, con sus empleados y hasta personalmente; se había unificado a todos los políticos, liberales, conservadores y aún algún sandinista; y hasta el más mínimo detalle había sido planeado con anticipación.
Habían aterrizado en Managua gentes de todos los confines de la Tierra, exóticos asiáticos, sofisticados europeos, sudamericanos, norteamericanos, caribeños. Nicaragua entera era una fiesta.
Viendo las cosas retrospectivamente, es fácil darse cuenta que ese Mundial fue un nudo en la historia, un puente, el choque entre dos épocas.
Todavía vivíamos la romántica e inocente época en la que “mundial” significaba Centroamérica y el Caribe, al mismo tiempo época que nos había brindado gloriosas jornadas, venciendo a Cuba dos veces, el “Chino” Meléndez, Stanley Cayasso, el escape de campeonato en 1947 en Cartagena, Colombia, y la celebración de las Series Mundiales Amateur de 1948 y 1950.
Al mismo tiempo estaban representados Norteamérica, con Canadá y Estados Unidos; Asia, con Japón y Taiwán; Sudamérica, con Brasil; el Caribe, con República Dominicana, Cuba y Puerto Rico; Europa, con Alemania e Italia; Centroamérica, con Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.
Hasta Africa estuvo presente, pues nos visitó el dirigente sudafricano Arthur Berezowski.
Por si faltara poco, uno de los varios “slogans” que sacó Carlos García en el Mundial fue “Por un Béisbol Olímpico”, y 12 años después el beis acudió a los Juegos de Los Angeles. Fue la unión entre el pasado y el presente. Por eso me gustó la frase de Carlos, “Un Mundial para la Historia”, para titular esta serie.
Esa unión entre el pasado y el futuro la simbolizó un pelotero: el inicialista Virgilio Navarro de Honduras.
Hay que recordar que durante los 22 años transcurridos entre los mundiales organizados por Nicaragua, en nuestro país había surgido y había desaparecido la Liga Profesional, y acababa de nacer la Primera División.
Que se apareciera alguien que era del pasado, de la Undécima, era como que un Tiranosaurus Rex se apareciera en un redondel en la Fiesta de Agosto.
Navarro en esa ocasión fue compañero de equipo de uno de los mejores peloteros de nuestra historia, pero que estaba compitiendo por Honduras a las órdenes del inmortal cubano Isidro “Papi” Fabré, el lanzador más pequeño en abanicar a Babe Ruth (y en permitirle un enorme jonrón también). Era Alfredo “Chiquirín” García.
En 1972, Virgilio Navarro acompañaba en la selección catracha a Humberto García, hijo de “Chiquirín”, pero eso no es tan casualidad como parece. Si a su avanzada edad (67 años) Navarro saltara en estos momentos al terreno de juego con la selección de Honduras, muy posiblemente el “cumiche” de “Chiquirín” lo acompañaría…