Edgard Rodríguez C. [email protected]
Aún están frescas las imágenes de Colombia, peleando a dientes por su Copa América.
Los colombianos se sintieron ofendidos cuando el miedo de los demás estuvo a punto de dejarlos sin torneo. Pero se tomaron su disputa y la venta de una buena imagen de su país como algo personal.
Al final, ganó Colombia y su gente se olvidó por un momento de la tristeza, del dolor inseparable que le acompaña a diario con el ruido de los secuestros y los asesinatos. Pero mejor aún, le ganó la paz al miedo y la esperanza a la resignación.
El fútbol unió a los colombianos y les animó a juntarse de nuevo por causas mayores.
¿Por qué no podemos pensar en algo igual nosotros, precisamente a partir de hoy, cuando en una reunión a las 10 a.m., se luche por obtener la sede de los VIII Juegos Centroamericanos?
Lo más sencillo es decir que no podemos ante ese reto, que no hay recursos, que no hay voluntad política. ¿Pero acaso alguna vez lo hemos intentando?
Es cierto, en dos momentos se ha ganado la sede, sólo para renunciar después ante la escasa visión de los últimos dos gobiernos. ¿Pero por qué no pensamos que Enrique Bolaños, y sobre todo Herty Lewites, quien ha mostrado más agresividad para realizar el proyecto, resultan gente de palabra?
Vean, lo peor que nos puede pasar, es que perdamos la ilusión, que situemos los fracasos del pasado delante de los sueños, que nos recostemos en esa cobarde evasiva de “no se puede”, si nunca lo hemos intentando verdaderamente.
Obtener la sede de los Juegos y echar a andar el proyecto, implica construir las tan necesitadas instalaciones para el deporte nacional, hasta ahora sumido en el baúl de las cosas sin importancia. Implica fuentes de trabajo y a la vez, atención a un sector (el deporte) que redundará en mejor salud para nuestro futuro.
En Colombia no se habló del juego, se habló de sueños, del título como el motor de la esperanza. Eso mismo podríamos pensar aquí con los Juegos, que podrían unirnos para probar al mundo, y sobre todo a nosotros mismos, que somos capaces de hacer cosas buenas.