Edgard Rodríguez C. [email protected]
Nosotros no vamos a ser campeones mundiales. No lo fuimos ni en la época en que competían los países del istmo y los asiáticos daban sus primeros pasos, mucho menos ahora cuando hasta profesionales han sido admitidos.
Sin embargo, podrían ensayarse algunas variantes que nos permitan desarrollar actuaciones decorosas y ofrecer a nuestra afición motivos para emocionarse aun en medio de las severas dificultades por las que atravesamos los nicaragüenses.
Debemos entender que el béisbol es para los nicas algo más que un deporte. Es incluso mucho más que un puesto de trabajo para nuestros jugadores, técnicos y cronistas. Es quizá el único oasis donde aún podemos converger todos.
Lástima que en los últimos años se ha visto atestado de directivos que lo único que desean es ser campeones a como dé lugar. Pero también hay dirigentes que todo lo hacen a su antojo y por eso jugamos un béisbol que no tiene planes.
En Dominicana y Puerto Rico, y ahora en Venezuela, se sabe que el béisbol es una fábrica de prospectos para la exportación, que genera divisas en cantidades extraordinarias. En Nicaragua parece que jugamos sólo para distraernos.
De ser así, se trata entonces de una diversión cara, cuya inversión merece un mejor aprovechamiento. Es decir, debemos preguntarnos, ¿qué genera cada torneo?.. aparte de la distracción, que ciertamente es un factor importante.
Lo que nosotros necesitamos, es un gobierno al que le interese el deporte. No se puede seguir como estamos. Los últimos dos gobiernos creen que dándole el pasaje a la Selección, ya está resuelto el problema. ¿Y la preparación?
Necesitamos dirigentes que sean más abiertos a las sugerencias y que no sigan manejando el juego como un feudo, que entiendan la necesidad de respaldar las pequeñas ligas y que respeten el ámbito de acción de los cuerpos técnicos.
Pero también necesitamos técnicos que defiendan sus ideas. Y cuando hablo de las ligas pequeñas, no hablo de organizarles el campeonato, sino de proporcionar el tratamiento adecuado al talento que surge.
Sé que algunas cosas seguirán igual, pero como un hombre que intenta tener fe, me resisto a creer que no se sienta en las conciencias la necesidad de ensayar los cambios que las actuales circunstancias demandan.