El honorable diputado

Eduardo Enrí[email protected]

La próxima asamblea legislativa tendrá 92 diputados. De ese total, 91 habrán recibido los votos de sus conciudadanos como mandato para representar los intereses de ellos en el hemiciclo legislativo. Una labor sin duda honorable, si la desempeñan bien.

El que falta estará allí sin haber alcanzado el cociente electoral nacional de 104,472 votos. Ni siquiera habrá alcanzado el cociente electoral departamental. En realidad, no habrá recibido ni un solo voto que lo autorice a sentarse en el escaño que le asignen.

Ese honorable diputado aspira, ambiciona, trama, hacerse con la posición de titular de la Asamblea Nacional.

Pero está bien. Ese honorable diputado está allí porque los diputados liberales y sandinistas de la Asamblea actual, actuando muy legalmente —aunque no sé si legítimamente— decidieron reformar la Constitución y regalarle el escaño.

Estaría bien también si el honorable diputado logra lo que trama, siempre y cuando obtenga la mitad más uno de los votos de sus colegas. El Parlamento es un poder independiente y los diputados que lo componen tienen potestad de elegir a quien les venga en gana, de entre ellos, para que presida el hemiciclo.

Pero creo que el resto de los diputados que van a componer esa Asamblea debe reflexionar mucho sobre su voto. Deben, como le sugirió al pueblo el cardenal Obando unos días antes de las elecciones generales, examinar el currículo, y los antecedentes de este honorable diputado que ha manifestado a los cuatro vientos que pretende presidir el primer poder del Estado.

Los presidentes de la Asamblea no sólo la manejan administrativamente, sino que reflejan el carácter de ese poder del Estado. Así, la docilidad de la actual se refleja en los presidentes que ha tenido. La próxima está llamada a ser revolucionaria, en el verdadero sentido de la palabra. ¿Es ese honorable diputado el hombre que puede darle ese carácter?

Por ejemplo. La próxima Asamblea deberá reformar la Ley de Inmunidad para que no sea más el refugio de los funcionarios corruptos. ¿Es este honorable diputado, que hizo de la impunidad un arte, el indicado para abrirle paso a esa ley?

La próxima Asamblea deberá despartidizar los Poderes del Estado. ¿Cómo dejarlo en manos de ese honorable diputado, que junto a su futuro colega fueron los responsables de esa partidarización de los Poderes?

Y para no hacer largo el cuento, esta próxima Asamblea deberá aprobar leyes que promuevan la honestidad y la transparencia en el manejo de la cosa pública. ¿Necesito decir más?

Los diputados liberales, que tendrán los votos para elegir al próximo presidente de la Asamblea , decidirán entre ser leales al honorable diputado y lo que éste ha representado, o ser leales al mandato, al voto de confianza, a la orden que les dio el pueblo de Nicaragua, votando en paz y en masa para que por fin se levanten los pilares de la democracia republicana y se respete el Estado de Derecho. O la beben o la derraman.  

Editorial
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