Fin de la fiesta

Es normal ver en las gasolineras de Managua, adolescentes tomando licor y también es normal verlos manejar completamente borrachos apretando a fondo el acelerador, pero solamente sus familiares recuerdan sus rostros al salir de la morgue. Durante varias visitas nocturnas a las gasolineras, he podido observar el pináculo de dicha “diversión”, aún mantengo en mente […]

Es normal ver en las gasolineras de Managua, adolescentes tomando licor y también es normal verlos manejar completamente borrachos apretando a fondo el acelerador, pero solamente sus familiares recuerdan sus rostros al salir de la morgue.

Durante varias visitas nocturnas a las gasolineras, he podido observar el pináculo de dicha “diversión”, aún mantengo en mente a una joven bella, de pelo ondulado vomitando mientras su amiga la sostiene, ambas parecieran que están bailando, pero es que ninguna de las dos puede estar de pie. A la caza, sus amigos las observan de lejos, luego los cuatro desaparecen de la escena en un sucio taxi.

La noche esconde muchas malas intenciones, y sobre las sombras tenues se deslizan los llamados “seres de la noche”, especímenes raros que poseen vida cuando el sol es un recuerdo lejano.

Aquellos a los que la noche disfraza lo truncado de sus vidas, y el alcohol aflora lo vacío de sus almas. Los jóvenes entonces son víctimas de estos inmorales, que sumergen a muchos de ellos en el abismo de la droga y en la alegría de una borrachera, la noche termina en un carrusel de sustancias de diferentes colores y sabores, experiencia muy de moda en Europa y Estados Unidos entre la juventud.

Por lo general en Managua se bebe hasta altas horas de la noche, inclusive las jóvenes prostitutas que adornan la carretera a Masaya, con minúsculos vestidos llamativos, y con sensuales jeans de lona, se pueden observar sumergidas en la bebida, posible ayuda a soportar su oficio… aunque sea esa triste noche.

El alcohol no es un placer que llega solo, las ansiedades de sexo no se esconden durante las noches de farra, y muchos jóvenes finalizan la velada entre las frías piernas de una bella meretriz.

El caso de un ex militante

Se levantó de su asiento para dar testimonio en un grupo de alcohólicos. Se observa que es una persona pulcra, de buen vestir, y su forma de expresarse denota buena educación.

“Fui un adolescente ebrio, toda mi juventud la desperdicié en el vicio”, confiesa, mientras sus ojos se vuelven brillosos. Hoy tiene más de cincuenta años y confiesa que su vida comenzó a los cuarenta y cinco, cuando dejó la bebida.

Su vida pasada se terminó cuando cumplió los quince y conoció a quien sería su fiel compañero durante treinta largos años… “el guaro”, como él lo llama.

Hoy dista mucho de aquel adolescente, orgullo de una humilde madre soltera que vivía en las afueras de Managua, y que para llevar comida a su hijo lavaba ropa ajena, y hacía oficio en varias casas.

Las golpizas de su hijo cuando llegaba ebrio parecen dolerle más a la conciencia de don Juan, que a su madre, quien le dice con su voz casi indescifrable por los años, no acordarse de dichos actos. Don Juan llora como niño mientras mira un viejo ventilador en el techo, luego de un largo silencio, maldice el momento en que el alcohol entró a su organismo por primera vez.

Cifras desconocidas

Horacio Rocha, jefe del Departamento de Tránsito, expresó que los casos actuales de alcoholismo registrados en el Departamento de Tránsito “no corresponden a la realidad”. Dando a conocer que el problema es bastante complejo, y en lo que va del año se desconoce la estadística de los jóvenes que conducen en estado alcohólico y ocasionan accidentes.

Para conocer un poco la ruta que toman muchos jóvenes alcohólicos, el doctor Roberto Rafael Grijalva Noguera, Subdirector del Hospital Escuela “Dr. Roberto Calderón Gutiérrez”, hace una introducción al problema.

El médico comenta que sería interesante un estudio sobre el alcoholismo en los jóvenes, pero que nadie lo ha hecho ni el hospital lo lleva, pero el galeno asevera que de los jóvenes que llegan por accidentes, “un noventa y nueve por ciento, punto nueve”, lo hace en estado de ebriedad.

Grijalva Noguera comenta que nadie se ha preocupado por hacer una estadística exacta, y a dicho nosocomio llegan personas a dar charlas a jóvenes con problemas de alcoholismo, tres veces por semana, y trabajan con jóvenes y adultos.

Noguera dice que normalmente los jóvenes de entre 17 y 19 años que vienen por accidentes automovilísticos y en estado de ebriedad, son muchachos de clase media para arriba, quienes en su mayoría han provocado el accidente, dice el Subdirector.

Noguera asevera que las mujeres llegan en estado de ebriedad también, pero nunca en el estado inconsciente en que llegan los hombres, y el caso de ellas, es de menor intensidad que el de ellos.

“Este tipo de accidentes se suscitan después de las diez de la noche”, dice el médico, quien tiene como casos más impactantes los jóvenes que ya vienen muertos. “Como patrón normal vienen con fracturas en miembros inferiores y superiores, y cuando vienen por problemas serios de fractura craneal, los remitimos al Hospital ‘Lenín Fonseca’, no los atendemos aquí”, dijo Noguera.

El facultativo indica que regularmente se reciben seis casos al mes y uno de ellos es “muy grave”.

Los rostros del alcohol

Lapida de forma contundente amistades y relaciones de negocio con personas desconocidas, y, en especial, dinamita el futuro de muchos jóvenes, minando cualquier relación normal que ellos pudiesen tener, y fatalmente lleva a varios, luego de una larga noche de “fiesta”, a descansar eternamente tres metros bajo tierra.

Muchos jóvenes estrenan su licencia de conducir a la par de su primera ingesta alcohólica, y otros, los que no tienen vehículo, cualquier esquina, tienda, o automarket, es ideal para “compartir con los amigos”.

La venta de licor a menores de edad es muy normal, incluso ellos pueden beber en cualquier lugar público en toda Nicaragua, hasta que el joven ya no puede levantarse de su silla, o hasta que el dinero se le termine. Todo depende de que llegue primero. Lo importante es que pague por todo lo bebido. Que se mate pareciera que es problema exclusivo de sus padres.

* Periodista salvadoreño

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