Al borde del abismo

El psicólogo Antonio Aburto conoce de cerca este problema. Especialista en problemas de la adolescencia y es familia, la clínica de Aburto ha sido testigo silencioso de los achaques de este mal en el país, de la renuencia de los jóvenes a aceptar su estado y su habilidad para disfrazar sus problemas, y justificar los […]

El psicólogo Antonio Aburto conoce de cerca este problema. Especialista en problemas de la adolescencia y es familia, la clínica de Aburto ha sido testigo silencioso de los achaques de este mal en el país, de la renuencia de los jóvenes a aceptar su estado y su habilidad para disfrazar sus problemas, y justificar los actos generados por la ingesta desmedida de alcohol y que ellos buscan borrar de la mente con sólo ignorarlos.

Muy poca voluntad y mucha resistencia, es el patrón común en estos casos, mientras los padres pacientemente observan a sus hijos hacerse del rostro duro con una cura mágica a sus males.

“A veces hay que dar tratamiento familiar para que se acepte al enfermo, y puedan ayudarlo”, menciona Aburto.

Síntomas

El alcoholismo es un abuso de la ingesta de alcohol. Y se desarrolla por etapas, de manera social, en un cumpleaños, fiestas de Navidad, se consume en pocas cantidades, y de ahí se va tomando de manera regular hasta que el cuerpo pida más, en esta etapa se puede presentar lo que se llama los “palinsestros” —lagunas mentales—, o pérdida de un episodio en el momento de la embriaguez.

El aumento del consumo de alcohol ocurre cuando en la mente de la persona la ingesta se realiza para enfrentar situaciones difíciles, alegres, tristes, dolorosas o extrañas.

Se establece en su mente una idea de recurrir al alcohol para resolver cualquier situación, entrando a episodios de ingesta más largos, y paulatinamente pasa de días a fines de semana, a semanas enteras, hasta convertirse en un bebedor consuetudinario capaz de abandonar el trabajo, sus obligaciones familiares y los estudios.

Pueden durar mucho tiempo sin tomar, mientras estén en un plan de ayuda, o la fuerza de voluntad de ellos sea bastante fuerte.

Cualquier joven o adulto puede desintoxicarse en un procedimiento farmacológico. Se le ingresa a un centro de rehabilitación, se le suministran dosis de vitaminas y sueros para mejorar el daño al sistema nervioso.

También se le proporciona una dieta alta en verduras, ya que la persona pierde muchas vitaminas al ingerir alcohol. A tal punto que se vale decir que el alcohol es una droga. Una parte se expulsa a través de la sudoración y de la orina, y otra cantidad de alcohol queda dentro del cuerpo. Se almacena dentro del cuerpo, por ello es bueno hacer este tratamiento de desintoxicación.

Luego hay que conocer las causas psicológicas que llevan a la persona a excederse en la bebida, que en muchos casos tienen su origen en la infancia.

Algunas causas que pueden reflejar este problema son los hijos de padres alcohólicos que han sido maltratados o abandonados, que inician en la adolescencia.

Otra causa fuerte es la curiosidad por saber qué se siente. Una característica muy propia de la edad y por demostrar que ya no se es un niño. Que ya se es un adulto, que hace “cosas de hombres”, o “cosas de adultos”, recalca el profesional.

Generalmente la familia se alarma cuando un muchacho está llegando constantemente ebrio. Que no hay fiesta a la que vaya sin que llegue en estado de ebriedad, comienzan a ver un cambio de conducta en él, anulan la autoridad del padre, no responden a la orientación y al señalamiento que se les hace, muchas veces abandonan el colegio, la universidad, esa es una característica, y se resisten a recibir ayuda.

Las expresiones más comunes son: “A mí no me pasa nada”, “no tengo ningún problema”, “el problema son mis padres que hacen un escándalo de cualquier cosa”, “yo no soy alcohólico”, son según el psicólogo, las expresiones más comunes.

Aburto menciona que los jóvenes no toman mucha realidad de lo que les está pasando, a veces tienen hasta tres días de estar tomando y de llegar en estado de ebriedad, y para ellos no hay ningún problema.

Entonces no hay conciencia de lo que pasa. “Lógicamente necesitan de mucha ayuda, lo primero es que acepten la realidad de lo que está pasando. A veces existen jóvenes que no los pueden tener en casa, pues se escapan, y se van a beber”, asegura.

Menciona que el alcohol es un tóxico que afecta el sistema nervioso superior, puede haber una sensación exagerada de seguridad en la persona; por ejemplo, un joven que teme ciertas situaciones en la vida diaria, en estado alcoholizado puede hacerles frente.

Desinhibe al tímido, y al extrovertido le hace perder la razón, pero eso es una sensación aparente. Y, una vez que desaparece el efecto del alcohol, el joven vuelve a ser el mismo, y su depresión es muy normal, pasan de Supermán a Clark Kent”.

Publicidad engañosa

“Los anuncios son más subjetivos todavía, debido a los movimientos que les ponen, y el sonido les da un sentido real, de tal manera que a uno le parece que se está tomando un trago”, explica.

Esto mismo se menciona en el libro “El alcoholismo es algo más que una enfermedad”, de José Antonio Baca Aráuz, quien afirma que en las películas y telenovelas el consumo de bebidas embriagantes es normal y continuo, y es usual ver a la gente tomarse los tragos puros, lo cual está fuera de la realidad.

Pero el licenciado Aburto menciona que hace falta que se haga conciencia en la sociedad, ya que hay que ver el problema de manera integral, y en el sistema educativo debe existir un sistema de prevención dirigida hacia los jóvenes, y también debe hacerse conciencia entre el gran público, haciendo campañas más amplias, para trabajar en la prevención, porque el muchacho debe recibir una formación integral tanto en el colegio como en el hogar.

“Pero, obviamente, ellos compiten contra el productor de licor, ya que ellos necesitan que tomen su producto”, menciona Aburto.

“Las nuestras —Latinoamérica— son sociedades alcohólicas: que si nacés, tenés que beber; si te morís, tenés que beber también”, dice el licenciado en sicología.

Y es que cualquier evento social es motivo de bebida, sea un evento trágico o uno alegre. Todo se celebra con licor.

La bebida se promueve de muchas maneras, ya que el licor es una droga legal. Es una droga que socialmente se acepta.

Hasta es de mal gusto que se asista a una reunión y no se celebre con licor. Se dice: “Esa fiesta o reunión no sirvió”, todo por la falta de bebidas embriagantes. Es parte de nuestra actuación social, el servir licor para todo evento.

“La publicidad de las empresas productoras de licor va directamente a provocar la ingesta de la bebida en el joven”, dice Aburto. Ya que la publicidad en la televisión, en el periódico, en las revistas, en la radio, está directamente dirigida e él.

“Si por un lado decimos que tenemos que hacer campañas de prevención, ello choca directamente con una publicidad agresiva para consumirle”, dice Aburto.

“Le estamos diciendo todos los días al joven a través de los medios de comunicación toma esto —alcohol— porque te va a hacer un hombre más hombre”, o cualquier otro slogan que se utilice para convertir al joven en un fiel consumidor.

Obviamente, es el joven citadino el que tiene más acceso al consumo de alcohol, gracias a los actos o celebraciones alos que se invita casi a diario, o como dice Aburto, a los “eufemismos”, que no dicen que son de consumo masivo de alcohol, sino que son anunciados como “entretenimientos para jóvenes”, o bajo el seudónimo de “actividad recreativa”, y muchas las organizan empresas licoreras. Llamados “festival juvenil”, o “concierto por la paz”, todas en su mayoría buscan lo mismo… el consumo masivo de bebidas alcohólicas. Iniciando a los jóvenes en una carrera alcohólica meteórica; la primera vez que toman, no se detienen.

Podemos hablar de una causa genética, aunque esto no ha sido plenamente comprobado, hay teorías de que existe una causa genética, puede ser hereditario, una familia alcohólica crea otra generación de alcohólicos.

En un ambiente de bebedores, donde beben los padres, beben los tíos, sin razón alguna, o cada fin de semana, entonces para él es normal, el consumo de licor.

* Periodista salvadoreño

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