La presidencia de Arnoldo

Julio Ignacio Cardoze

Si al período sandinista le dicen el de “la noche oscura”, al de Arnoldo bien se le podrá llamar el de las “Tinieblas”, pues llegó en hombros de la buena fe de un pueblo que buscaba un futuro mejor en la consolidación de la democracia, solamente para agradecer su elección, obstaculizando la transición con engaños, mentiras, fraudes, corrupción, manipulación e irrespeto de las instituciones, las leyes, la Constitución y dar múltiples razones para ser criticado, el y sus pandillas, de enriquecimiento no justificado.

Primero pretendió apoderarse del liberalismo nicaragüense, inhibiendo a candidatos y partidos que le hicieran competencia al PLC, y después con la presidencia, fue algo así, como un plan premeditado por una banda, para un asalto, del que aparentemente han salido impunes… por el momento, y que en la segunda etapa algunos de los cómplices, buscan refugiarse en posiciones que garantizan inmunidad, por un tiempo igual, al de los términos penales para la prescripción de los delitos.

Pocas veces se ha visto un presidente, que además de cometer el crimen de traicionar la confianza pública puesta en él, se empeñó en usar el poder a su disposición para corromper las débiles bases, sobre las que se podría construir el ansiado estado de derecho, después del nefasto gobierno sandinista que terminó en 1990.

Arnoldo no será bien recordado, pues degradó la dignidad de la Presidencia de la República, a niveles nunca vistos, y su gobierno fue un teatro de lo absurdo vulgar, mantenido en una pirámide de injusticias, pues mientras la mayoría de la base padecía de hambre, unos pocos en la punta, arriba, gozaban entre megasalarios, megaliquidaciones, tequila don Julio, churrascos, salchichones, chinampas y terrazas.

Las esperanzas y aspiraciones de la nación, fueron retrotraídas al punto cero. Arnoldo sale con una imagen de maestro de granujadas gubernamentales, virtuoso del perjurio y la traición, ducho en mezquinas estratagemas, maniobras arteras, y bajas perfidias partidistas, en beneficio de una pandilla sin escrúpulos.

Arnoldo se va, embutido de vanidad y prepotencia, y con las bolsas llenas, y dejando la percepción, de una vida pública infame y odiosa, por lo que no se puede menos que subrayar lo abominable de sus actos de gobierno, cuya vergüenza solamente puede ser superada, por la que debería tener la ciudadanía indolente, que lo dejó actuar de esa manera y le permitió tantas abyecciones contra la nación.

Pensar que este hombre, quedará como diputado, sin ser electo, en la Asamblea, es increíble, y que aspira a ser candidato nuevamente en el futuro, será una aberración total, mejor que se aparte y que deje gobernar a Enrique Bolaños en paz, pues con el voto abrumador a favor del presidente electo, queda demostrado que eso quiere la nación. Lo mejor para todos será que Arnoldo, junto a su socio pactista Daniel, “primus inter pares”, viajen al ostracismo por el bien de Nicaragua.

Abogado nicaragüense. Reside en Miami  

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