Lecciones inolvidables

Sergio Boffelli

Son muchas las lecciones que arnoldo alemán deja sobre la mesa, y entre las más importantes destaca su conflictiva relación con periodistas y medios de comunicación. Durante cinco años hemos visto al mandatario discutir una y otra vez con el rostro descompuesto, menospreciar, gesticular burlón o amenazante, ofender y hasta agredir físicamente a periodistas donde lo único claro ha sido que el presidente no tiene la habilidad para manejarse apropiadamente en situaciones cotidianas. Ha bastado la pregunta directa, y la normal insistencia ante evasivas, para lograr su descontrol ante cámaras y grabadoras cuando no suponía hacer otra cosa que responder cortésmente con la verdad. Pero nunca pareció soportar el afán de los periodistas por la información veraz. Y Arnoldo Alemán se volvió predecible para cualquiera, y además jugosa cantera noticiosa. Una pregunta certera siempre le resultó demasiado…

Esta constante manera de relacionarse, más los fallidos intentos por doblegar a medios de comunicación negándoles publicidad gubernamental, le han generado consecuencias graves de las que aún hoy no parece estar consciente: para despedirse anuncia su iniciativa contra monopolios en los medios de comunicación (!?). Después de la creación de un medio impreso pro-gubernamental y polarización de la televisión estatal, ésta parece ser su nueva propuesta en el obsesivo y personal combate que sostiene contra la libertad de expresión.

¿Cuál puede ser la explicación a esta conducta del presidente? ¿Por qué lo hace? Una pregunta difícil, pero entre sus posibles causas me imagino pudieran incluirse: 1) El miedo a la verdad. O la confusión entre verdad y fantasía, como cuando alguien llega a creerse su propio cuento (o el cuento de los aduladores, que es lo mismo) y se enfurece como niño caprichoso porque otros se rehúsan aceptarlo. 2) Inmadurez emocional y una terrible inseguridad disfrazada de prepotencia y reto constante hasta con su propia sombra. ¿Quizás eso explica la aparente arrogancia, la exagerada caravana vehicular, el bullicioso ambiente que parece siempre rodearlo, la risa apta solamente para cortesanos, la incontinencia verbal, el desmedido afán por controlarlo todo…? 3) Por lo que hemos visto, tiene sentido mencionar que cuando no existe una clara estrategia de gobierno, tampoco puede haber una estrategia de comunicación coherente. Quien no sabe hacia dónde va, jamás podrá explicar cómo hará para llegar. 4) Y para colmo y mezclado con lo anterior, ¿quizás intuye que lo oficiosamente sembrado estos cinco años es causa pendiente que habrá de ventilarse en los medios de comunicación, exhibiendo al próximo diputado hasta el hartazgo, para que no quede duda que al menos su comportamiento con los periodistas no quedará impune? ¿Quizás cree que en este caso su mejor arma es el ataque, y que conviene amenazar para obligar a los directivos de los medios a un beneficioso “acuerdo”?

Al futuro diputado le aguardan tiempos agitados. Los medios de comunicación no lucen dispuestos a hacerle el favor de ignorarlo y, peor aún, él no pretende ser ignorado. Pero aunque este inconcluso capítulo Alemán vs. medios de comunicación ha sido una constante, hoy los nicaragüenses podemos permitirnos confiar que con Enrique Bolaños veremos un estilo completamente diferente. Sin duda que la manera en que nos relacionamos con los demás tiene que ver con los principios y valores de la persona, su madurez y educación. Y porque aún en el supuesto caso que algún periodista o medio de comunicación la emprendiera injustificadamente contra el nuevo gobernante electo, este parece comprender con meridiana claridad que siempre la única opción será actuar y responder con la verdad y respeto. Lo demás caerá por su propio peso. “Porque nada podemos hacer contra la verdad, sino solamente a favor de la verdad” (2 Cor. 13:8). Tomar en cuenta esta milenaria lección que Arnoldo Alemán jamás aprendió, es un excelente comienzo.

El autor es periodista  

Editorial
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