Ricardo Yllescas Hidalgo
“Esta lista de candidatos a ocupar los cargos de ministros en mi futuro Gabinete es tan fácil de hacer que la puedo grabar en mi disco duro como cuando hago la lista de compras en el supermercado”, se dijo a sí mismo “El Churri”. Eso estaba pensando cuando el timbre del teléfono repicó y al otro lado del hilo telefónico se escuchó una voz que en tono presidencial le solicitó que se presentara a Casa Presidencial para discutir los pormenores del futuro gabinete de gobierno; era la voz del “hombre”.
El Churri se apresuró a imprimir los datos de su disco duro en una hoja suelta de papel bond que encontró en el portapapeles de su escritorio. Se dijo a sí mismo: “No sé qué pormenores tendré que discutir con el ‘hombre’ si yo soy yo y no me parezco a nadie; yo no tengo por qué discutir nada con el “hombre”. Sin embargo, voy a asistir para que no se moleste y me le voy a hacer el ‘maje’”.
Ya en el despacho presidencial se encontró al “hombre” disparándose su nacatamal con un buen puño de frijoles y leche agria para poder balancear la dieta. “Ajá, le dijo el ‘hombre’, ya es hora de que hablemos de las personas que designaremos para conformar el futuro gabinete del gobierno de nuestro glorioso partido”. “Designaremos me parece procesión”, pensó el Churri. “Sí señor, ya es hora de que hablemos de eso. Yo he elaborado mi lista de candidatos y justamente la acabo de transcribir de mi disco duro a esta hoja, tome señor”.
El ‘hombre’, al leer la hoja sintió que el nacatamal y los demás “bocadillos” ingeridos se le subían con un poco de bilis hacia su boca, y estando a punto de eructar alcanzó a decir: “¿Quién te crees ahora para andar elaborando listas? ¿No sabés que quien te puso te puede quitar? Quien designa aquí a los ministros soy yo. Llevate esta lista de mis cuarenta colaboradores y entre ellos date gusto escogiendo”.
El Churri dejó la oficina presidencial pensando que nunca se quitaría de encima ese tremendo peso del “hombre”, que quien lo ha mandado una vez quiere seguirlo mandando siempre, qué jodido todo esto.
Se despertó agitado de ese horrible sueño y sintió una gran satisfacción de saber que era sólo eso, un sueño y nada más. “Por suerte que mi almohada siempre ha sido una buena consejera y es mejor que tome medidas al respecto”. se dijo.
El Churri llamó a una conferencia de prensa y dijo: “Quiero hacer saber a todos los que me eligieron y a los que no lo hicieron, que he confeccionado por mí y ante mí, la lista de candidatos que formarán mi equipo de ministros. Entre ellos no cabe ninguno de los actuales ministros del gobierno saliente, sólo gente honrada quiero que trabaje conmigo”. Un periodista muy exaltado, más que preguntar, afirmó: “El gobierno saliente es corrupto”. “Eso pregúnteselo al presidente saliente, yo sólo sé que en mi gobierno no habrá corrupción”.
El “hombre” venía en ese momento cayendo de las nubes en que andaba cuando en el televisor de su automóvil pudo ver las declaraciones del que fuera su segundón, y se dijo a sí mismo: “Cría cuervos y te sacarán los ojos; este jodido me salió un gran mal agradecido, un mojigato. No sabe que si el camarada Daniel gobernó desde abajo, yo gobernaré desde arriba, desde la Asamblea, desde ahí lo pondré en su lugar”.
Muchos nicas se pellizcaron los brazos y antebrazos para cerciorarse de no estar dormidos, y creer en lo que vieron sus ojos cuando el Churri habló. ¡Sí!, era cierto, el Churri estaba quitándose de encima el peso del gordo; si esto sigue así probablemente tendremos una Nicaragua mejor, dijo en voz alta un televidente.
El autor es contador público