- La oposición afgana dijo que con el respaldo de los Estados Unidos seguirá la lucha
- No hacen caso a declaraciones de los Talibán y les pronostican que a lo sumo durarán unos meses
Mort RosenblumAP
PESHAWAR, PAKISTÁN.- Los aliados del régimen Talibán calificaron ayer su salida de Kabul como un repliegue estratégico para librar una guerra de guerrillas en las montañas aledañas a Kandahar, en el sur del país.
“Nunca seremos derrotados”, dijo Maulana Sami-ul-Haq en su escuela religiosa. “La oposición puede tomar ciudades, pero eso sólo los dispersa. Combatirán entre ellos hasta que estén demasiado débiles para continuar”.
Haq, que encabeza el multipartidista Consejo Afgano de Defensa, en Pakistán, dijo que las milicias Talibán se atrincherarán en las montañas, al amparo de los bombardeos, y desde allí librarán una guerra de guerrillas, como lo hicieron contra las tropas soviéticas.
“Los Talibán permitieron que la oposición ocupara las ciudades”, agregó, e insistió que fue una victoria el que fuerzas escasamente armadas mantuvieran Kabul durante casi seis semanas pese a los masivos bombardeos.
El jeque Haji Zaman Gham, de la alianza que combate contra el régimen Talibán cerca de Jalalabad, restó importancia a las amenazas de éste.
Resaltó que el Talibán y sus aliados árabes ofrecerán una enconada resistencia a las milicias de la oposición afgana, respaldadas por Estados Unidos, pero pronosticó que a lo sumo durarán unos meses.
“¿Cuánto tiempo pueden durar en las montañas?”, preguntó. “Necesitarán alimentos, municiones. Pelearán duro porque es cuestión de vida o muerte para ellos. Pero al final, perderán”, expresó.
Mientras los combatientes opositores festejaron con júbilo su victoria en Kabul, el ambiente permanecía calmado en Peshawar, al otro lado del desfiladero de Khyber, donde los paquistaníes aguardan ansiosos el resultado de la contienda.
RELATIVA CALMA
En una ciudad de dos millones de personas, que durante 20 años albergó a más de un millón de refugiados afganos, hay opiniones para todos los gustos.
“La gente no está contenta sino un tanto triste y confusa”, según Haji Mohammed Adeel, del Partido Nacional Awami, cuya familia lleva siete generaciones en Peshawar.
Los lugareños quieren que los refugiados regresen a Afganistán, indicó, pero solamente si existe una situación estable y con un gobierno de amplia representación que pueda evitar la guerra civil.
Por otro lado, en un discurso radial, el líder del Talibán, el mulá Mohammed Omar, dijo que se encontraba en Kandahar e instó a sus seguidores a organizarse y resistir a las tropas de la oposición, informó la Prensa Islámica Armada, con sede en Pakistán.
Asimismo, los guardias del Talibán abandonaron ayer el puesto fronterizo de Torkham en la misma frontera paquistaní. Un grupo de ancianos afganos locales trataba de determinar quién se haría cargo del puesto, cerca de la ciudad paquistaní de Peshawar.
Fuentes con las que se tomó contacto telefónico en la ciudad afgana de Jalalabad, dijeron que al parecer el Talibán se preparaba a abandonarla. Todas las fuentes hablaron con la condición de que no se las identificara.
ALIANZA SIGUE A INVOLUCRADOS
En Kabul, bandas de soldados opositores se movilizaban por la ciudad en taxis, camiones y automóviles para perseguir a los árabes, paquistaníes, chechenios y otros que vinieron a Afganistán a ayudar al régimen Talibán.
Cinco paquistaníes murieron en un tiroteo ayer por la mañana, dijeron testigos. Sus cuerpos yacían en una plaza pública horas después. Las tropas de la alianza levantaron vallados en las calles donde habían estado viviendo árabes y otros asociados con Al-Qaeda.
En vista de las preocupaciones internacionales sobre su comportamiento, la Alianza movilizaba 3,000 efectivos de seguridad para mantener el orden en Kabul. El ministro del Interior de la oposición, Yunis Qanoni, dijo que el grueso de las fuerzas opositoras se mantendrán fuera de la ciudad, y que los que habían entrado en Kabul ayer por la mañana eran “renegados”.
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