Douglas Carcache*[email protected]
BARCELONA.— “¿Quién gana en tu país?”, me preguntó una colega chilena el día cinco de noviembre. “Por lo que he visto, los liberales”, respondí, y ella interrogó pronto: “¿Es el partido del trabajo?”. La miré confundida, sin entender, hasta que añadió: “Sí, justo el que le da trabajo a la gente…”
Su tesis es que los electores en Latinoamérica hoy piensan primero en el trabajo antes que en una ideología, al decidir por quién votar en una elección presidencial.
Sin duda, la esperanza de conseguir un empleo en un futuro cercano, en su propio país, ha debido ser uno de los motivos que llevaron a la mayoría de votantes nicaragüenses a respaldar al candidato liberal Enrique Bolaños, quien ahora tiene que demostrar que es un buen administrador y honesto.
Pero durante el gobierno liberal, instaurado en 1997, tampoco se ha propiciado mucho empleo en Nicaragua. Por el contrario, la emigración ha crecido desde entonces por el fracaso de actividades económicas importantes como la caficultura, según estudios de instituciones especializadas.
¿Qué motivaría, entonces, que más nicaragüenses hayan votado por los liberales? Es palpable que el candidato sandinista, Daniel Ortega, ya no es confiable. También, que la mayor parte de la población haya percibido que las promesas del Frente Sandinista, como la repartición de animales domésticos y otros beneficios económicos y sociales, son difíciles de realizar hoy sin el control absoluto del Estado que Ortega tuvo en los años 80.
Los líderes sandinistas alegan que en la década de los 80 fue cuando más empleo hubo en Nicaragua. Lo consiguieron, sí, recargando el Estado con una planilla inmensa, y la fabricación de cuantos córdobas necesitaron, por lo que en 1990 el país estaba quebrado y sin más opción que los ajustes económicos que tanto ha resentido la población.
¿A qué apostaría la población que respaldó a Bolaños? Supongo que en buena medida a la estabilidad, para que los inversores nacionales y extranjeros se avienten a montar negocios de largo plazo en el país y que la oferta de empleo crezca.
Para la mayoría de nicaragüenses ha de ser difícil creer que el gobierno, de forma directa, le va a resolver los problemas de empleo. Menos con los antecedentes de corrupción en el Estado. Podemos suponer, por tanto, que en esta elección pesó mucho el futuro de la inversión privada en el país, porque de su continuidad depende el empleo de miles de ciudadanos, que ya laboran o que aspiran a laborar.
Lo más probable es que la mayoría de nicaragüenses hayan votado pensando en qué candidato podía contribuir a fortalecer las empresas existentes y a motivar la creación de nuevas, demostrando disciplina económica en el Estado y actuando con justicia, por supuesto.