Unidos por la fe en el único Dios

Pablo A. Villafranca M.*

El pasado martes 6 de este mes, en esta página de Opinión de La Prensa, se publicó el artículo: Divididos por la religión.

Aquel que dijo “Ego sum veritas” “Yo soy la Verdad”, me obliga a refutar las falacias que gotean de cada párrafo del escrito.

Afirma el autor en su menú de entrada, que los evangélicos gritaron como ofensa a un candidato —quizás hoy, el virtual ganador de las elecciones— en la pasada contienda electoral: ¡el candidato del clero católico!

San Agustín de Hipona decía en el siglo IV de nuestra era: “Corrige el error y ama a los hombres”. La Iglesia es anterior al Estado y a cualquier ideología, ella ha visto nacer ideologías prometedoras y devastadoras, ha visto crecer amenazas, y agonizar y fenecer monstruos de estados, sistemas y programas de gobierno. Ningún sistema, Estado, gobierno o partido ha hecho un camino incólume a lo largo de los siglos como ella. Ella no tiene partidos, no lanza a sus ministros ordenados a candidatos, ni los mismos pueden ostentar cargos públicos; no así sus hijos laicos, a ellos les reconoce la competencia de llevar la luz del evangelio a los ámbitos terrenales y dar respuesta a cualesquiera asunto humano. Luego la supuesta ofensa de los evangélicos, expresada por el autor eufemísticamente de la siguiente manera: “Candidato del clero católico”, es una burda apreciación del autor, dado que tal candidato en realidad era y es un hijo de la Iglesia militando como candidato a unas elecciones presidenciales.

En la segunda parte del escrito se elogia a los evangélicos como fuerza con tendencia mayoritaria en crecimiento, que maneja beligerantemente “la cartera política del país”. En la Iglesia Católica no estamos preocupados por ser mayoría beligerante o no, sino por ser respuesta a la plegaria de Jesús: “Ut omnes unum sint” (que todos sean uno) (Jn. 17,21). El contexto de la redacción lleva a pensar al lector que pesa más la palabra de un “pastor protestante” que la de un obispo o presbítero: “Contra facta, non sum argumenta” Contra los hechos, de nada valen y salen sobrando los argumentos…

Luego hay dos ideas que recorren los párrafos siguientes: “protestantismo es igual a progreso” “catolicismo es igual a división, agresividad, fanatismo, intolerancia y decadencia”. La Europa hoy unificada, con los monumentos que atraen turistas, muestra sus tesoros y monumentos; los mismos son casi siempre monumentos y tesoros católicos: catedrales, colecciones de arte sacro, música sacra, escultura sacra, universidades, colegios, ciencias, literatura de las artes liberales conservada y transmitida por los monjes amanuenses, en su mayoría Benedictinos. La Iglesia no nace en el siglo XVI, XVII o XVIII como ocurre con el Luteranismo, Anglicanismo, Calvinismo, y menos dignos de mención, los hijos de los hijos de la división que hoy constituyen el sectarismo protestante de esquina nacido en los siglos XIX y XX, cuyas huellas dactilares y rasgos visibles son: agresividad, fundamentalismo bíblico, fragmentación pastoral y fanatismo ideológico, con marcadas tendencias partidistas más que políticas y la acefalía jerárquica, ya que no tienen una autoridad regente.

Sólo una cosa más, el escritor dice que la Iglesia ha perdido la capacidad de llegar a la gente pobre y humilde, lo que hace que existan “católicos cimarrones’. Le invito a que se asome a nuestras misas en las Mesas de Acicaya, Vida Nueva, San Francisco Libre, Villa El Carmen, Las Torres, Barrio de Pescadores y que examine las fotos de la gente que hacían fila en estas elecciones para ejercer su derecho al voto. ¿Cuántos vio de saco, y cuántos humildes y sencillos que escucharon la voz del Pastor? Hay un principio que dice corrige al necio y te odiará, corrige al sabio y te amará. Espero estar ante el segundo caso.

No estamos divididos por la religión, sino por los partidismos, la ignorancia, la mentira y la maldad. A los creyentes en Dios, es más lo que nos une que lo que nos separa; pero como afirmaba Pascal: “Dios ha dejado la suficiente luz para el que lo quiere encontrar, y la suficiente oscuridad para el que lo quiere ignorar”.

* El autor es Licenciado en Teología y Filosofía
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Editorial
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