Un Mundial para la Historia VIII

Tito Rondó[email protected] Continuamos con “La Batalla del Banco Central”, donde la delegación de Cuba tenía llorando al delegado alemán. Por supuesto que el delegado era nuevo en estas lides, no se trataba de crueldad así por así. El ataque era en realidad contra la delegación de Estados Unidos, pero para que fuera legal se tenía […]

Tito Rondó[email protected]

Continuamos con “La Batalla del Banco Central”, donde la delegación de Cuba tenía llorando al delegado alemán.

Por supuesto que el delegado era nuevo en estas lides, no se trataba de crueldad así por así. El ataque era en realidad contra la delegación de Estados Unidos, pero para que fuera legal se tenía que establecer jurisprudencia. Los alemanes eran nada más que el precedente necesario para impugnar a Estados Unidos.

Es más, me atrevo a decir que los cubanos iban a dejar jugar a Estados Unidos (y a Alemania ni se diga); si hubieran querido eliminar equipos en el escritorio lo hubieran hecho en 1969 en República Dominicana y en 1970 en Colombia, donde privaban las mismas condiciones. Pero querían establecer la legalidad de los procedimientos, y la ilegalidad (aunque sin querer, la culpa era del su comité olímpico nacional) de los estadounidenses.

Por supuesto, las batallas políticas habían empezado desde antes que comenzara el congresillo, cuando el delegado de Sudáfrica, Arthur Berezowski, pidió admisión, aunque fuera voz sin voto, para su país. No se le concedió, amparada la FIBA en los reglamentos entonces vigentes del Comité Olímpico Internacional, que respaldaba la lucha de las Naciones Unidas contra la política racista del gobierno surafricano del “Apartheid”.

En vano argumentó Berezowski que el béisbol de su país era integrado, que jugaban todas las razas juntas, que la selección de su país era multiétnica.

Por lo menos Berezowski alcanzó a ver a Sudáfrica competir en su primer mundial, en Tampa en 1974, cuando fue admitida a la FEMBA, en guerra con la FIBA en ese entonces. Cuando se unieron ambas agrupaciones en 1976 para producir la AINBA Sudáfrica fue apartada una vez más, hasta que se olvidaron del Apartheid a finales del siglo recién pasado.

Por fin Manolo González Guerra logró establecer que Alemania y Estados Unidos jugarían en contra del reglamento de la FIBA. El delegado alemán se recuperó del susto, y aparentemente todo volvió a la normalidad.

El Comité Organizador pidió que el calendario de juegos fuera aprobado por aclamación. Todo mundo, ya cansado y pensando en las boquitas y los tragos, comenzó a aclamar. Pero una vez más se levantó Manolo González Guerra y pidió la palabra.

“¡Cuba protesta el calendario!”, dijo con autoridad. Y procedió a explicar. Cuba tenía el largo viaje a Chinandega justo antes de jugar contra algún país potente, mientras Estados Unidos al día siguiente se comería una perita en dulce, que si Japón o Nicaragua tenían menos viajes a occidente, y así.

Tenía razón. El calendario no era exactamente parejo para todos. Con la única excepción de darle a Nicaragua algún descanso contra débiles antes de enfrentar a fuertes, me consta que se hicieron los mejores esfuerzos, especialmente de parte de Noel Urcuyo Zeledón, para que fuera parejo para todo mundo.

Sigue: adiós tragos y boquitas.  

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