Edgard Rodríguez C. [email protected]
Algo sucedió en este equipo. De repente dejó de mostrarse como un grupo lleno de dudas, para convertirse en una tropa con pretensiones claras en el campo de batalla, en lo que resta de este Mundial.
Saltaron al terreno y lo pisaron con firmeza, dejando atrás el disgusto provocado por un par de derrotas que súbitamente nos habían metido en dificultades. Pero ahora, la situación ha cambiado y también las pretensiones.
Es decir, el equipo es el mismo, pero su actitud es distinta. Ayer había hambre de triunfo y todos los muchachos parecían listos para materializar el gesto más heroico en la búsqueda de un éxito con carácter de urgencia.
Sólo así se podía vencer a EE.UU., que sin bien, no se ha presentado con una tropa tan pujante como la de Sydney, dispone de las herramientas necesarias y ha venido a China con la misión de atrapar una medalla.
Pero ayer no había modo de vencer a los nicas. El pitcheo volvió a estar al nivel, la defensa parecía más ceñida que los pantalones que usan las muchachas hoy día y el bateo asumió la responsabilidad que debía cumplir.
En fin, Nicaragua fue un equipo, con todos halando en la misma dirección. Así los vi en el dogout mientras hacían una oración al Creador y se unían mediante un abrazo como una sola familia en busca de metas que le son comunes.
De persistir así, vale la pena apostar a este equipo, aún concientes del enorme nivel que este campeonato tiene. Aquí no hay invulnerables. Cualquiera vence a cualquiera y todos aspiran a una corona que sólo uno podrá llevarse.
Pero en medio de esas dificultades, la selección, que pienso, alcanzó su punto de equilibrio ayer ante EE.UU., podría realizar un trabajo que de momento a lo mejor ni siquiera imaginamos. Parece haber agarrado el viaje.
Nos quedan pendientes los partidos contra Corea e Italia. Ninguno es fácil, pero se respeta más a los asiáticos, lo que no quiere decir, que se les tema. Aunque les diré algo, después de lo ocurrido contra EE.UU. este equipo parece listo para grandes cosas, que es lo menos a lo que se debe aspirar, luego de un viaje tan largo como éste.