Eduardo Enrí[email protected]
¡Absurdo! ¿Cómo puede terminar la perpetuidad? ¿Cómo puede terminar la eternidad? Ése debe ser el razonamiento del candidato y líder perpetuo del sandinismo, Daniel Ortega.
Pero después de tres derrotas al hilo, y cada una peor que la anterior, el Frente Sandinista debe plantearse urgentemente, ponerle fin al liderazgo del “comandante”, que desde hace muchos años está agotado.
Es hora que los sandinistas se pongan a pensar seriamente porque después de un gobierno tan desastroso como el de Arnoldo Alemán, los nicaragüenses le dan la espalda al FSLN por tercera vez consecutiva. Aparte de todas las virtudes que los partidarios de don Enrique Bolaños puedan enumerar, la verdad es que una vez más los nicaragüenses salieron a votar contra Daniel Ortega. El miedo pesó más que la desilusión.
Es cierto, Alemán y su gobierno de abusos y atropellos desilusionó a mucha gente, pero la prepotencia y la corrupción son cosas que, aunque graves, al fin y al cabo las vemos de largo. No tienen un efecto directo.
Pero la experiencia vivida bajo el sandinismo sí fue directa. La humillación de las filas y los racionamientos, la inseguridad de sentirse vigilados, la impotencia ante el poder omnímodo y omnipresente, la desesperanza de verse obligado a salir por veredas para hacer la vida en otra parte y el dolor que sembró el Servicio Militar y la guerra fueron experiencias amargas que tocaron la médula del nicaragüense. Eso no se olvida, porque queda, no en la mente, sino en el alma.
Y todo eso es lo que representa Ortega. Ahí no valen disfraces, la gente sabe lo que hay detrás de las margaritas, las camisas rosadas y los discursos empalagosos . Porque más que ver, el votante “huele” lo que hay detrás del disfraz electoral.
Eso es lo que se han negado a comprender Ortega y sus partidarios. Con ese liderazgo nunca van a volver al poder.
Durante la última década no hubo nadie dentro del sandinismo que pudiera hacerle sombra a Ortega. Ahora tienen que empezar a buscarlo urgentemente.
Pero la transformación que gane suficientes votos para conquistar el poder no sólo depende de cambiar a Ortega por otro. Tiene que ser profunda. Todos los que están en primera fila en ese partido tienen que retirarse a la última o del todo. O sea, hacer lo contrario que han hecho en las tres elecciones pasadas y darle lugar a nuevos rostros, que no sean un retrato de los años 80.
De esa manera los sandinistas tal vez pierdan una elección más, mientras el nuevo liderazgo se consolida, pero de lo contrario perderán todas las que vienen, hasta que el viejo liderazgo se extinga.