Son encuestas, no profecías

No es cierto que en las elecciones del 4 de noviembre fracasaron las encuestas y quedaron hechos añicos sus pronósticos. Por ejemplo, la encuesta de CID/Gallup —que es una de las dos que solicita LA PRENSA con el propósito de informar al público de manera imparcial e independiente—, reveló en la última medición que hizo entre el 24 y el 29 de octubre, que si en ese lapso se hubiese efectuado la elección don Enrique Bolaños habría ganado con 49.6% de los votos, y el señor Daniel Ortega hubiera obtenido 46.4%. Lo cual significaba que si el margen de error que era de 2.9% favorecía a Bolaños, como era lo más probable, el candidato liberal ganaría con el 52.50% y Ortega quedaría con el 43.50%.

Ahora bien, el informe final del Consejo Supremo Electoral indica que Bolaños ganó con 56.31% de los votos válidos, y Ortega obtuvo 42.28%. O sea que la diferencia entre las cifras de CID/Gallup y las del CSE fue de sólo 3.81%, en el caso de Bolaños, y de apenas 1.22% respecto a Ortega. Una diferencia realmente insignificante si se considera que las encuestas miden opiniones de las personas en un momento determinado, y por lo tanto pueden cambiar de la noche a la mañana y por múltiples razones, en tanto que el CSE cuenta votos reales, lo mismo que el conteo rápido de Etica y Transparencia, que fue idéntico al conteo oficial, porque se basó en los reportes de votaciones efectivas, no en opinones sobre intención de voto.

Por su parte, la encuestadora M&R hizo un pronóstico distinto al de CID/Gallup, pues en su última medición —publicada en LA PRENSA el viernes 26 de octubre— reflejó un 42.4% a favor de Ortega sobre 37.5% de Bolaños. Sin embargo, el portavoz de M&R advirtió que había un “voto oculto” de 12.6%, que de convertirse en voto efectivo se distribuiría en 10.4 para Bolaños y apenas 2.2% para Daniel Ortega. De manera que en ese escenario M&R calculaba un posible triunfo del PLC con el 47.6% de los votos, sobre 44.6% a favor del candidato sandinista.

En lo que se refiere propiamente a CID/Gallup, así como a Borge y Asociados, que son firmas internacionales de prestigio con excelente récord internacional, no es justo denigrar sus encuestas sólo porque señalaron que en el momento de hacer sus mediciones había un “empate técnico”. En realidad, el “empate técnico” era una situación estadística que por fuerza debía dilucidarse con la votación efectiva del 4 de noviembre, la que finalmente determinó la gran diferencia de 14.03% a favor de Bolaños debido a que la abstención se redujo a un índice sin precedente en la historia de Nicaragua.

Sin dudas que en Nicaragua y en todas partes del mundo hay quienes elaboran “encuestas” propagandísticas para favorecer a uno u otro partido o candidato. Pero las verdaderas encuestas —que son investigaciones científicas de opinión pública— muy difícilmente se equivocan, sin perjuicio de que a veces cometan errores que impiden registrar con exactitud el estado de opinión de la gente. En todo caso, no se debe confundir las encuestas con los sondeos políticos parcializados, ni perder de vista que las encuestas se hacen mediante preguntas a un número determinado de personas para recoger sus “estados de opinión” y reflejarlos en estadísticas, y que los estados de opinión son subjetivos y por lo tanto cambiantes. “Son encuestas, no profecías”, advirtió George Gallup, quien creó en 1936 —cuando la elección presidencial norteamericana que ganó Franklin D. Roosevelt— el moderno sistema de encuestas mediante el muestreo aleatorio.

Pero las encuestas siempre han sido descalificadas y denigradas por los políticos y otras personas, cuando no los favorecen o simplemente porque no les satisfacen, a pesar de que son cada vez más confiables y aceptadas, y sus mismos detractores las esperan con ansiedad para hacer sus estrategias y escribir sus informes y comentarios.

En realidad, hacer y divulgar encuestas es parte de la libertad de expresión e información y sin ellas no se concibe una elección verdaderamente democrática. Las encuestas seguirán siendo necesarias y útiles, siempre que se hagan sobre bases científicas y ajenas a simpatías o antipatías políticas.  

Editorial
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