El virtual presidente electo de Nicaragua, Enrique Bolaños Geyer, declaró después de la visita que le hiciera el derrotado candidato del FSLN, Daniel Ortega, que esperaba que éste lo apoyara desde la Asamblea Nacional en el cumplimiento de su compromiso de gobernar en función de los intereses de toda la nación. Y agregó Bolaños que Ortega le había respondido que así lo haría.
Sin embargo, más allá de la encomiable actitud del líder sandinista que reconoció en forma cívica y democrática la victoria de su adversario, y más allá también de la generosa reciprocidad de Bolaños, quien felicitó a Daniel Ortega “de todo corazón por su actuación de último minuto”, muy pronto se harán presentes las realidades políticas en las relaciones entre el Poder Ejecutivo, que presidirá Enrique Bolaños, y la Asamblea Nacional, en la que Daniel Ortega, como líder del FSLN y su bancada parlamentaria tendrá una substancial cuota de poder.
Sin dudas que lo más conveniente para el país es que, así como en las elecciones del 4 de noviembre los candidatos estuvieron a la altura que exigían las circunstancias, y que, con su actitud, se sumaron a la actitud noble y madura del pueblo nicaragüense, de la misma manera deberían comportarse después de la instalación y durante el ejercicio de los nuevos poderes Legislativo y Ejecutivo, a partir del 9 y 10 de enero del año entrante.
Dadas las circunstancias políticas que se crearán en el país con el ascenso al Poder Ejecutivo del señor Bolaños y la correlación de fuerzas que habrá en la Asamblea Nacional, cabe esperar que ésta desempeñará una función mucho más importante que la que tuvo en los últimos cinco años. Con más o menos 50 diputados el PLC podría aprobar las leyes ordinarias, inclusive las que requieren mayoría absoluta (47 votos) sin necesidad de hacer acuerdos parlamentarios. Con una cantidad así de diputados los liberales necesitarían el apoyo de la bancada sandinista o de algunos de sus miembros sólo para la reforma constitucional, reforma de las leyes constitucionales y escogencia de miembros de otros poderes del Estado y funcionarios de rango superior, para lo que se requiere mayoría del 60% (56 votos).
Es probable que los diputados liberales no van a actuar como una aplanadora, como lo hacían en la época del somocismo y en cierto modo lo hicieron durante el último quinquenio gubernamental. En realidad, al todavía Presidente de la República y próximo diputado, Arnoldo Alemán, no le será fácil controlar la bancada liberal y someterla a sus designios particulares, ni siquiera en el caso de que se hiciera elegir presidente de la Asamblea Nacional. Y tampoco es muy factible que los caciques de los dos partidos (Arnoldo Alemán y Daniel Ortega) pudieran pactar en la Asamblea Nacional para neutralizar al Presidente Enrique Bolaños y ante todo impedir que éste desmonte el pacto libero-sandinista y proceda contra la corrupción.
Daniel Ortega y el FSLN pactaron fácilmente con el PLC y Arnoldo Alemán, por el inmenso poder que éste tenía (y tiene todavía, pero ya en vías de extinción) en su carácter de Presidente de la República. Pero una vez fuera del Poder Ejecutivo —que sigue siendo el poder real en Nicaragua— disminuirán inevitablemente las influencias de Alemán y su atractivo como socio de cualquier pacto o contubernio político.
Por otro lado, es muy posible que la bancada liberal en la Asamblea Nacional se divida, al menos de hecho aunque no formalmente, en alemancistas y bolañistas, con mucha posibilidad los últimos de convertirse en una fuerza parlamentaria determinante, debido al poder y la influencia que Bolaños tendrá y ejercerá.
En todo caso, Daniel Ortega y el FSLN tendrán que afrontar el reto de escoger entre sumar sus esfuerzos a un grupo de liberales alemancistas que representa el pasado y los intereses de la corrupción, o apoyar al sector del PLC que estaría dispuesto a impulsar las transformaciones en las que se ha comprometido el próximo Presidente de Nicaragua, ingeniero Enrique Bolaños Geyer, y a las que Ortega de antemano prometió apoyar durante la visita que hizo al candidato triunfador, el lunes de esta semana.