La mayoría se impuso. Los nicaragüenses depositaron la confianza en que el país saldrá adelante económicamente y que habrá más oportunidades para la mayoría.

Pobres esperan futuro mejor

Votantes capitalinos pusieron toda su fe en que a partir de hoy exista un rostro más bondadoso para “los más pobres de los pobres” Gustavo Rico Baños/Especial para LA [email protected] Las multitudes que hace un par de días promovían al candidato de su predilección a todo pulmón, esperaban pasivamente ayer colocar su voto. Y aquéllos […]

  • Votantes capitalinos pusieron toda su fe en que a partir de hoy exista un rostro más bondadoso para “los más pobres de los pobres”

Gustavo Rico Baños/Especial para LA [email protected]

Las multitudes que hace un par de días promovían al candidato de su predilección a todo pulmón, esperaban pasivamente ayer colocar su voto. Y aquéllos que no participaron de la “fiesta electorera”, pero que silenciosamente albergaban en su corazón que su voto sería la diferencia, también formaban largas filas en diferentes puntos de la capital. El patrón común entre ambos grupos: la extrema pobreza en que se encuentran sumergidos.

Con la esperanza depositada en un lapicero, miles de managuas de las diferentes zonas marginales se volcaron a depositar su voto desde tempranas horas de la mañana, encontrándose con la mayoría de los centros de votación cerrados, abriendo mucho tiempo después de lo programado. Durante los primeros minutos no era problema, cuando el calor y el abrasador Sol comenzó a ser una verdadera molestia, la gente inició su protesta.

PROTESTAS Y PROSELITISMO

Y es que muchas anomalías se denunciaron en diferentes lugares: “son amigos de ese…”, “Chocho… sólo de ese lado están dejando pasar”, comentaba un joven mientras sujetaba la mano de su novia con fuerza; en tanto, jóvenes madres no lograban hacer callar a sus hijos, gigantescas sombrillas se abrían buscando detener los rayos solares. Sólo las vendedoras de gaseosas hallaron el beneficio de tan embarazosa situación.

El proselitismo no finalizó el miércoles. Varios jóvenes en los centros de votación de las zonas marginales, vitoreaban el partido de su preferencia incitando a los votantes, mientras las personas que hacían fila sólo observaban con los rostros bañados de sudor.

A LA ESPERA DEL VOTO

El Barrio Bóer mantenía su habitual semblante de pobreza. Observé a niños y niñas medio desnudos corriendo detrás de un perro huesudo. Parejas de antaño sentados en viejas sillas de madera. Jóvenes en ropa holgada esperando que el Sol cayera un poco o que los centros de votación se vaciaran para ir a ejercer el sufragio.

La familia Sequeira no era la excepción. A este ambiente, mientras esperaban el atardecer, cuatro infantes escarban la tierra del patio de su pequeño hogar. “Todos vamos a votar por Bolaños”, fue la respuesta que Miguel Sequeira dio a la pregunta que si toda la familia votaría por el mismo candidato. Su yerno Mario Alberto, era uno de los miles de nicaragüenses al que le han robado la cédula, por lo que su voto quedará en el aire.

Mucho más debajo del hogar de los Sequeira, una mujer de edad descansaba en su desgastada mecedora, mientras cuatro nietas le rodeaban. Un gran cartel de Daniel Ortega parecía observarnos, el cual colgaba afuera de la pequeña pieza de habitación. Ella no quiso identificarse, pero me confesó que en la tarde votaría.

Escarbando en la basura se encontraba a escasos pasos de un centro de votación Jaime Leonel Salazar, de 29 años, padre de dos hijos.“Yo votaría, pero no tengo cédula. Estamos mal, no hay dinero. Necesitamos ayuda del gobierno”, gritaba mientras medía un viejo pantalón con la vista. Al alejarme del lugar, aún alcanzaba a escuchar sus reclamos.

En los alrededores del Barrio Laureles Norte, la gente permanecía en orden a la espera de depositar su voto, a pesar del insoportable calor del mediodía.

En el Barrio 19 de Julio, específicamente en “los escombros”, muchas personas aseveraban que las casi 300 familias que ahí viven también iban a participar de la fiesta cívica de ayer.

Maribel Castro, de 24 años, es una de esas personas, madre de tres hijos. Espera que su situación y la de muchos nacionales, cambie por quien llegue a ganar las elecciones. Incluso, la pequeña Jéssica Blanco, de 12 años, que también vive en uno de los edificios en ruinas, deposita su confianza al nuevo gobernante. Y, como todos los entrevistados, espera que el día de mañana exista un rostro más bondadoso para “los más pobres de los pobres”.  

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