Emilio R. Montes Flores
El pasado 26 de octubre celebramos con orgullo el día Nacional del Médico Nicaragüense en honor al 136 aniversario del natalicio del ilustre médico nicaragüense Dr. Luis H. Debayle, cirujano nicaragüense especializado en Francia e impulsor de la práctica de la cirugía moderna en nuestro país, que, entre otras, cosas introdujo los principios de la asepsia y antisepsia, técnicas quirúrgicas de la época, e inició la práctica de las transfusiones sanguíneas en Nicaragua. Además poeta, profundo pensador, filósofo y académico, escribió entre otras obras, los libros titulados “Pensamiento y Reflexiones” y “Aforismos y Sentencias”.
Pero ante la realidad actual de nuestra noble profesión, este día estamos obligados a realizar una profunda reflexión.
Nuestro entorno profesional comenzó a sufrir, desde todo punto de vista, un proceso de profundo deterioro a partir de 1979, que se agudizó durante los diez años de revolución por razones por todos conocidas, pero este deterioro lejos de revertirse —como la gran mayoría de nosotros esperábamos—, más bien se perpetuó con los siguientes dos gobiernos, y la perspectiva con el que vendrá parece, definitivamente, ser la misma.
Hemos iniciado un nuevo siglo, que entre otras cosas se caracteriza por un reordenamiento geo-político mundial, por la globalización, por el desarrollo tecnológico de punta, por una evolución masiva y acelerada del desarrollo de la humanidad jamás visto en la historia del hombre, y que involucra lógicamente a nuestra profesión, pero que por desgracia para nosotros todo esto es un mundo vedado e imposible de alcanzar.
Quienes somos parte del gremio médico nicaragüense actualmente nos encontramos sumidos en un profundo cisma. Los médicos que hemos tenido la oportunidad de realizar cursos en el extranjero en lugares que se encuentran a la par del desarrollo moderno, tristemente nos damos cuenta de que las secuelas de nuestro atraso son gravísimas, y que los problemas que atraviesa nuestra profesión aquí en Nicaragua no son sólo los derivados de la apreciación simplista de algunos colegas que todo lo ven desde el punto de vista de la distorsión salarial que actualmente nos ahoga. Los problemas van más allá, abarcan una gran gama de ellos, van desde la precaria formación universitaria del profesional, un precario y obsoleto sistema de atención pública de salud, inexistencia de tecnología de punta diagnóstica, serias limitaciones presupuestarias estatales para abastecer las unidades de salud, salarios miserables, deterioro de las interrelaciones del médico y la sociedad, la existencia de un limbo jurídico médico legal que nos mantiene prácticamente en indefensión total, escasa regulación de nuestra práctica profesional tanto institucional como privada, incapacidad para obtener actualización profesional, colegas que enfrentan condenas por sentencias ejecutadas por jueces que carecen de los mínimos conocimientos de medicina forense, colegas explotados en seudoclínicas diz que previsionales, inexistencia de Colegiación Médica etc., etc. Es más, somos un gremio sin ninguna representatividad en lo social ni en lo político, somos un gremio dividido, inmerso en un ostracismo odioso y compuesto por verdaderos autistas sociales.
Durante el recién concluido período electoral, a ninguna de las partes en contienda se le oyó la mínima propuesta dirigida a nuestro gremio, ni siquiera se nos tomó en cuenta, pero también hemos sido incapaces de hacer planteamientos y demandas serias a los partidos aspirantes. Sobre nuestros hombros ha caído, a lo largo de estos años, la responsabilidad de resolver las enfermedades de nuestro pueblo en medio de innumerables y serias limitaciones de todo tipo, y a pesar de esto seguimos siendo olvidados.
Nuestra profesión atraviesa problemas sumamente complejos, muy difíciles de solucionar, pero que nos competen a todos los médicos de Nicaragua, y que nos obligan a buscarles o al menos intentar encontrarles solución. Si seguimos retrocediendo a la velocidad con que otros se desarrollan las consecuencias serán imprevisibles y lastimosas, mucho más de lo que actualmente son.
Si la conformación del Colegio de Médicos de Nicaragua fuera el primer paso estratégico para tratar de revertir nuestra triste realidad, como muchos de nuestros colegas pregonan, creo que sería hora de ponernos en movimiento, pues sólo organizados en un frente común podremos salir adelante. La solución de nuestros problemas comienza por nosotros mismos, que debemos anteponer los intereses personales, y no permitir que seamos manipulados ni manoseados por intereses políticos de ningún tipo. Sólo respondiendo y velando por los intereses de nuestra profesión podremos recuperar los espacios perdidos, y por lo menos tratar de salir de la triste situación en la que actualmente nos encontramos.
El autor es especialista en cirugía general.