Después del 4 de noviembre

Eduardo Cuadra F.

El proceso electoral en que nos encontramos abocados, termina el 4 de noviembre, e inicia una situación esperada por todos y todas: ¿Qué pasará? Pudiera entenderse que no debería existir esa incertidumbre, pero la realidad que hemos vivido y vivimos a diario, la polarización que se percibe, y los pronósticos técnicos de poco margen de diferencia entre el ganador y quien ocupe el segundo lugar entre los tres candidatos a la Presidencia de la Republica, sus partidos y alianzas respectivas, hacen que esa percepción de inseguridad, de incertidumbre se acreciente.

La inseguridad e incertidumbre no excluye a los distintos sectores políticos, económicos, sociales, religiosos; no hay diferencias por razón de sexo, edad, raza; en ello, puede que en este aspecto, estemos coincidiendo como nación.

Los resultados electorales deben de llevarnos a una mayor integración y participación como nación; no debemos exaltar el triunfo sobre los perdedores, menospreciando, marginando, excluyendo. Ganar en la Nicaragua del 2001 debe llevar a la sensatez y madurez política de saber llamar oportunamente a los perdedores, dejar abierto los espacios de comunicación y entendimiento sobre un programa dirigido por el partido ganador y sus alianzas, que permita concertar para llegar a puntos de interés común donde el gran vencedor al final, sea el pueblo nicaragüense.

Debe de privar y promoverse constantemente una cultura de sumar y multiplicar; fortalecer y desarrollar los espacios democráticos a los distintos sectores de la sociedad civil organizada; avanzar hacia la institucionalidad de los distintos poderes del Estado, que pasa por la puesta en marcha de las distintas carreras del ejercicio profesional (carrera diplomática, judicial, servicio civil, entre otras); y el libre ejercicio constitucional de la libertad de pensamiento y de expresión.

Estos son los retos que todos y todas las nicaragüenses, debemos de ser partícipes y exigir a la dirigencia política de nuestro país.

Debemos y considero que se tiene la conciencia de que la situación socio-económica no es halagadora; han transcurrido diez años donde las heridas de la secuela de la guerra que vivimos no han cicatrizado lo suficiente y que por tanto, salir de ella, es una tarea sin exclusiones de ningún tipo.

Un elemento importante es la necesidad de que exista seguridad ciudadana, como elemento motivador para el desarrollo de la economía nacional a través del libre comercio y la regulación por parte del Estado, para atraer a la inversión extranjera de que tanto se tiene esperanza pero que no debe de verse como la salvación única; igualmente de importante, no temiendo a quien gane, es la generación de confianza y seguridad dentro de un marco de respeto mutuo hacia nuestros países vecinos y por qué no decirlo claro, hacia los Estados Unidos de Norteamérica dentro del continente americano, donde la complejidad de las manifestaciones delictivas del terrorismo, la narcoactividad, el crimen organizado, el trafico de inmigrantes ilegales, el lavado de activos y otros delitos conexos, son elementos coincidentes para un frente y necesidad en común: seguridad e inversión.

El autor es Comisionado General Retirado de la Policía Nacional  

Editorial
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