El Síndrome de Estocolmo

Magedla Campos [email protected]

¡Yo sí creo en Daniel! Creo que quiere ser Presidente de cualquier forma, siguiendo su vieja máxima de que “el fin justifica los medios” ergo, no ha cambiado. Siguen, él y sus camaradas, usando las mismas estrategias diversionistas y confusionistas (de confusión, no de Confucio), prometiendo el oro y el moro y la participación de todos.

Después de negar las religiones, ahora se apropian de todas, pero, hay una frase de la Biblia que nunca pronunciarán: “Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?” (Mateo 7:16).

Todas las estafas son dolorosas, pero ésta ya lleva demasiado tiempo, y ha sido enorme: nos quitaron el fruto de años de trabajo, la libertad, los sueños, las ilusiones; antes y después del 79 destruyeron nuestras vidas, física, moral y emocionalmente, nos quitaron el tiempo, el irrecuperable. ¡Todo, para despilfarrarlo! Los trabajadores les creyeron al pie de la letra lo de “trabajadores al poder” y les ayudaron a apoderarse de todo creyendo que para disfrutar como jefe no había que trabajar, y la mayoría tuvo que trabajar más, por eso muchos perdieron para siempre la buena costumbre de “ganarse el pan con el sudor de la frente”, quedaron cansados de tantas horas de trabajo voluntario, domingos rojinegros, vigilancia revolucionaria y jornadas de todo tipo, sin sueldo y sin vislumbrar siquiera, los frutos de estos excesos. Los “jefes” o “empresarios sandinistas”, “hombres nuevos”, resultaron expertos en la estafa de esquema piramidal, tan en nuestras narices que ¡la hicieron su logotipo! Quebraron un banco y nos quebraron a todos, a miles de verdaderos empresarios, de verdaderos agricultores y, por supuesto, a los trabajadores.

Así las cosas los aliados naturales del frente podrían ser: a) Todos los que de una otra manera ejercieron el poder, desde los generales del Ejército (retirados) hasta el jefe del CDS de la cuadra. b) Los “beneficiados” de última hora con una propiedad o promesa de obtenerla. Los que tienen, pues, razones de conveniencia personal. Por otro lado habrá apoyándolos algunos familiares de héroes y mártires, porque el alma humana necesita justificar la pérdida de un ser querido creyendo que fue por una causa justa.

Sin embargo, la intentona de imposición forzada del sistema socialista, nos perjudicó a todos, conculcó nuestras libertades y la justicia, envió a la cárcel y al exilio a buenos nicaragüenses, nos despojaron de todo lo material y envió a la muerte segura a miles de jóvenes a pagar la cuota del lado Este en la guerra fría. Pero no han parado en sus afanes destructivos; en los años noventa boicotearon a gobiernos legítimamente electos impidiendo todo intento de ordenamiento, sabotearon con asonadas que dejaron pérdidas de millones de dólares, y a cambio recibieron, en vez de castigo, dineros y puestos en todas las instituciones de gobierno, para chantajear mejor, y en estos últimos dos años han seguido haciendo lo mismo, y con los maleficios de la “piñata” y la inseguridad sobre la propiedad, mantienen estancado al país.

¿Qué ocurre, entonces, con los políticos y no políticos, como Alexis Argüello, que participan, apoyan y llaman a votar por la Convergencia Nacional, sin aparentes razones de conveniencia personal? Pues, padecen del Síndrome de Estocolmo, ese desquiciamiento que se produce cuando, ante la perenne amenaza de tu secuestrador, convertido por la fuerza en amo y señor de tu destino, te lleva a pensar que el poco alivio que te permite (o te promete en este caso), es signo de bondad.

La autora es escritora  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí