Ariel Granera S.
Esta campaña electoral fue larga y costosa, probablemente demasiado costosa para lo que es nuestra realidad económica, fue rica en acontecimientos políticos de diversa índole. El Partido Conservador que emergió de sus cenizas en las municipales, no pudo mantener su auge y como resultado de sus contradicciones internas se colapsó estrepitosamente. Por otra parte, conforme los pronósticos, la elección se polarizó, jugando un papel fundamental en cuanto a esto la candidatura del ex presidente Ortega y la presencia política de un FSLN cuya dirigencia actual no ha querido transformarlo de manera que permita que su eventual retorno al poder deje de ser traumático tanto a lo interno del país como internacionalmente.
Sin embargo, lo más relevante es lo que viene, es decir, el momento en que la ciudadanía se transforma en el árbitro, en el gran tomador de decisiones, cuando en la intimidad de su conciencia, en la secretividad de la urna, tiene ante sí la responsabilidad de definir el curso de los acontecimientos y con ello, dependiendo de lo que resulte, su vida se verá afectada en un sentido u otro, para bien o para mal.
Es precisamente en la repercusión en su vida cotidiana donde radica el vínculo esencial de la elección con el ciudadano, que en su inmensa mayoría no vive de la política, que no conoce ni conocerá personalmente nunca a los candidatos, que si no trabaja y como se dice popularmente “no busca a diario la vida”, no come.
Lo medular de la elección para la gente es poder llegar a establecer el nexo entre su voto y su vida para que su voto no sirva para empeorarla si no para mejorarla.
Más allá de los spots de televisión, de los afiches, de las mantas, de las manifestaciones, de la propaganda de todo tipo, de las promesas de campaña, con serenidad, con reflexión, tratando de ser lo más “cerebral” posible como dicen los jóvenes de hoy, la pregunta es con cuál de los dos candidatos que se disputan esta elección usted va a estar mejor, el País va a estar mejor.
Nicaragua necesita que los empresarios tengan el mejor clima para que las inversiones crezcan y como consecuencia se creen los empleos que a su vez generen los ingresos con los que la gente vive. Mantener las relaciones con los Organismos Multilaterales de Financiamiento, para que la ayuda que ellos proporcionan, necesaria para que el país funcione, no se vea obstaculizada o interrumpida. Para ello es indispensable tener relaciones estrechas y amistosas con los Estados Unidos.
Que las remesas no corran riesgo de verse afectadas. Que las libertades no se vean amenazadas por temperamentos autoritarios. Que el gobierno sea probo y que haya seguridad jurídica, con instituciones que sean nacionales y no partidistas. Que el Ejército y la Policía mantengan su profesionalismo para que en ninguna circunstancia vuelvan a ser percibidos como un peligro. Que no haya pactos, ni inmunidades ni impunidades.
Si con el resultado de la elección se logra conseguir esto, el panorama de vida de la gente mejoraría. Por el contrario, si como consecuencia de la elección estos objetivos se ven afectados, la situación de miles de nicaragüenses se deterioraría significativamente.
¿Cuál de los dos candidatos que pueden ganar esta elección da mayores seguridades a los ciudadanos y ciudadanas de este país de que sus vidas y las de sus familias no sufrirán deterioro y más bien tenderían a mejorar?
No me cabe la menor duda que don Enrique Bolaños es el candidato que mejor puede responder a las expectativas de mejoría que la gente tiene, a la vez que representa la única opción electoral modernizante para el país y sus instituciones.
El autor es master en Ciencias Políticas