Cuidado con las vivezas de ratón

Eduardo Enrí[email protected]

Llegó la hora. Mañana es el “día E”, como dicen los políticos en campaña. A las siete de la mañana abrirán las 9,502 Juntas Receptoras de Votos (JRV) distribuidas hasta en el último rincón del país.

A esa hora, los ciudadanos nicaragüenses empezarán a depositar uno a uno sus votos en las cajas de cartón investidas con el nombre de “urnas”. Una a una las boletas irán cayendo al fondo de la urna que les corresponde, así, a lo largo de todo el día, hasta que —ojalá— casi todos los nicaragüenses en edad de votar hayan ejercido su derecho.

Luego vendrá el proceso a la inversa. Los funcionarios abrirán las “urnas” y sacarán las boletas. Ya para entonces la suerte estará echada… ¿o no?

Son insistentes los rumores y medias verdades sobre un supuesto “supra-pacto” entre el presidente Arnoldo Alemán y el candidato perpetuo de los sandinistas, Daniel Ortega. Gente bien informada te dice que “se están reuniendo”, lo cual es cierto, “y que si gana el ‘Churruco’ entonces ya tienen un plan en el que van a salir ganando los dos” —en esto coinciden todos los rumores—.

Pero ahí comienzan a variar. “Que habrá oleadas de impugnaciones”, “que habrá denuncias de fraude”, “que los sandinistas se lanzarán a las calles a las 10 de la noche”, “que Alemán impondrá el Estado de Emergencia y la censura a los medios”, “que sólo reconocerán la elección de los diputados”, “que los diputados electos llamarán a una nueva elección presidencial entre Alemán y Ortega…”.

Si no se tratara de Ortega y Alemán, esas vivezas de ratón no tendrían ninguna credibilidad. Pero estos dos señores —el uno que hace 5 años juró cumplir y hacer cumplir la Constitución Política, y el otro, que hace spots publicitarios jurando ante un recién encontrado “dios” que la va a respetar— son los mismos que hace poco más de un año estaban descuartizando esa misma Constitución para hacerla calzar a la medida de sus necesidades.

Ellos son capaces de todo, con tal de mantener su cuota de poder. De lo que son incapaces es de darse cuenta de que hasta ellos se beneficiarían dejando que las elecciones transcurran en paz y que gane quien tenga más votos, una vez que hayan sido contados uno a uno.

El ejercicio militar que realizó el Ejército ayer sólo abona a las conjeturas. Más que un ejercicio, lo de ayer fue una demostración de poder. A “alguien” estaba tratando de disuadir.

Y ojalá lo haya logrado, pues ese “plan” sólo logrará hundir al país en una crisis que de ser leve nos metería en una recesión, y de ser fuerte nos podría llevar hasta asonadas de proporciones no vistas aún.

Pero lo curioso de todo esto es que, de materializarse esos rumores, será Enrique Bolaños —gane o pierda— quien podrá desmontar la escalada de violencia.

Si gana, debe armarse de valor, acuerparse con los conteos rápidos y los observadores y denunciar el supra-pacto. Y si pierde, debe armarse de más valor aún y reconocer que Ortega ganó. En ese momento desaparecería el peligro, pues como me dijo un empresario de televisión: “Una chispa, y esto explota”. Cuidado con las vivezas de ratón.  

Editorial
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