Por qué y para qué votar

Es muy bien sabido que la democracia no se fortalece por sí misma, sino por medio de la participación libre y consciente de los ciudadanos en el funcionamiento de los mecanismos democráticos, entre los cuales está la elección de autoridades supremas de la nación. En realidad, en un sistema democrático la elección vincula el acto ciudadano de elegir a las autoridades con la posibilidad de escoger entre ofertas políticas diferentes, y con la vigencia de normas jurídicas que garantizan el ejercicio de las libertades y los derechos políticos. Por eso fue que Alexis de Tocqueville (1805-1859) advirtió que el menosprecio de los ciudadanos al voto es uno de los mayores peligros que amenazan a la democracia, pues si ellos renuncian a su derecho a votar cualquier minoría de aventureros se adueña del poder y lo usa en provecho de sus mezquinos intereses.

Es cierto que el voto es un derecho y por lo tanto ejercerlo o no es una opción legítima de cada ciudadano. Pero el voto no es un derecho personal cualquiera, que se puede dejar de ejercerlo y no pasa nada. Por el contrario, el voto es un derecho fundamental, es el instrumento esencial de la democracia que garantiza la convivencia social, transforma a la persona de vasallo en ciudadano y le permite a éste participar en los asuntos públicos, tanto de manera directa como indirecta.

A pesar de todos sus defectos, de las aberraciones de los políticos y los abusos de los gobernantes, la democracia es el mejor sistema de gobierno y convivencia social que ha habido hasta ahora, y mientras no se invente algo mejor hay que seguir practicándola y fortaleciéndola. “La democracia es el único sistema digno de la especie humana”, dijo el rey Juan Carlos de España, en la clausura del Congreso sobre Transición y Consolidación Democrática celebrado en Madrid hace una semana. Y para los nicaragüenses la democracia es además un valor esencial que debemos conservar y perfeccionar, considerando que la única alternativa es el autoritarismo, la dictadura, regímenes que conocemos muy bien por amargas experiencias que todavía no son lejanas.

Por eso y para eso es que hay que votar. Porque votar no es sólo ejercer un derecho de participación democrática sino también cumplir un deber cívico. Porque la abstención deliberada distorsiona y debilita a la democracia. Y porque quien se abstiene de votar para expresar su repudio a los políticos ineptos y corruptos, también menosprecia y socava las instituciones democráticas, se autoexcluye de la ciudadanía y pierde de vista que el voto no es un acto de adhesión incondicional a los partidos y sus dirigentes, sino una expresión de preferencias políticas. Lo cierto es que no hay necesidad de adherirse a todos los planteamientos de un partido ni a las figuras de sus dirigentes para que votar tenga sentido, sino que hay que votar porque las decisiones que toman las personas que gobiernan nos afectan a todos, queramos o no, y por lo tanto todos debemos contribuir a adoptar y a influir en esas decisiones.

Por otro lado, antes de votar el día de mañana cada ciudadano debe examinar concienzudamente las ofertas políticas y los antecedentes personales de los distintos candidatos, y considerar los méritos o debilidades que ellos hubieren puesto de manifiesto en las tareas de gobierno que les tocó desempeñar en el pasado o que desempeñan en la actualidad. En el momento de votar en las elecciones de mañana se debe tomar en cuenta que el aspecto más importante de la decisión a tomar no radica en las promesas de los candidatos sino en la necesidad de preservar la libertad. Y la percepción o el convencimiento de que nuestra democracia está dañada por la corrupción y que hay muchas necesidades económicas y sociales que urge resolver, no debe perturbar la comprensión de todo lo que se ha podido avanzar bajo el sistema democrático, desde 1990 hasta ahora.

Reflexionar sobre los caminos y las personas más adecuados para encarar y resolver los problemas pendientes sin poner en riesgo la libertad, es la gran responsabilidad que debe afrontar cada ciudadano que está convocado a votar el día de mañana.  

Editorial
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