Mauricio Díaz Dávila
“Pueblo que no aprende de sus errores está condenado a repetirlos”
Como un encantador con su flauta he visto a Daniel Ortega hacer malabarismos cercanos a las brujerías, encaminados a demostrarnos que ya cambió. Producto de esos malabarismos algunos incautos están convencidos de lo siguiente:
1- Que “el comandante” ya cambió
2- Que “el comandante” merece otra oportunidad
3- Que “el comandante” tiene derecho a gobernar en democracia
4- Que “el comandante” no se robó nada
5- Que la Zoilamérica se le “metió” al “comandante”
6- Que “el comandante” nos traerá paz y progreso (¿!)
Aunque parezca mentira, quienes afirman tales cosas las creen verdaderamente, o sea de adherir intelectual y volitivamente tales premisas, al grado de comportarse como los ratoncitos que al influjo de las notas musicales del Flautista de Hamelin, se dejaron llevar al desaguadero para morir ahogados, ellos, los ratoncitos, no el Flautista que siempre queda a buen recaudo disfrutando del placer de “gobernar desde abajo”… placer que al pueblo de Nicaragua le ha costado inestabilidad, más pobreza y ahora el riesgo de retrotraernos en el tiempo.
Los tiempos actuales reclaman liderazgos cívicos y de vocación democrática, lo mismo que capacidad, honestidad y formación profesional. Nicaragua necesita un buen gerente de los bienes públicos, no un flautista de la demagogia.
Nicaragua necesita de un líder que genere confianza, no que introduzca temores y recelos.
De un hombre que comprenda que el mundo no se quedó en los ochenta y que esté preparado para la competencia económica-comercial, y los retos de la transnacionalización de las relaciones humanas.
El autor es Embajador de Nicaragua en Costa Rica