Decisión trascendental

Jorge Salaverry*

El lunes 5 de noviembre, si Dios quiere, aparecerá en este mismo espacio, como todos lo lunes, mi próximo artículo. Para ese entonces, los nicaragüenses habremos tomado el día anterior una decisión de gran trascendencia para nuestro país: habremos escogido como Presidente de Nicaragua, para los próximos cinco años, a Enrique Bolaños o a Daniel Ortega. Después de eso ya no habrá posibilidades de cambio; la suerte estará echada. De ahí en adelante tendremos que vivir con las consecuencias de nuestra decisión.

Pero hoy es lunes 29 de octubre, y todavía faltan seis días para que podamos ejercer el sagrado derecho al voto. Eso significa que la gente que ya decidió por qué candidato votar, podría, en estos días —teóricamente, al menos— cambiar su decisión. Tal cosa está dentro de lo posible, pero no dentro de lo altamente probable. Lo que sí es muy probable es que en estos seis días, aquellos que por una u otra razón no han podido o no han querido tomar la decisión de por quién votar, la tomen. Algunos de esos —qué duda cabe— no se han decidido por simple desidia, pero la mayoría de ellos, estoy seguro, no se ha decidido porque comprenden la trascendencia de su voto, especialmente en una elección en la que las encuestas señalan que el electorado está bastante dividido. Saben que su voto puede decidir el triunfo de uno o de otro candidato, y necesitan, por lo tanto, un criterio lo suficientemente objetivo y sensato que les permita decidir inteligentemente.

¿Cuál podría ser ese criterio? Obviamente que la simple propaganda electoral no basta, ya que la combinación de colores, los mensajes, la música, los disfraces, y demás recursos publicitarios, están orientados a provocar en nosotros una decisión más emotiva que razonada. ¿Cuál es, entonces, el criterio que pudiera servirle de guía al elector indeciso? Pues no conozco un criterio más apropiado para tal propósito que el que proporciona la experiencia; el pasado.

Trataré de ilustrar esto con un ejemplo. Suponga por un momento que usted es el dueño de una empresa y que necesita contratar a un gerente para que la maneje. Usted pone un anuncio en el periódico avisando que tal día estará entrevistando a los posibles candidatos. Se presentan dos personas. Recibe al primero, y éste le dice que si lo contrata, él le aumentaría las ventas en un 50 por ciento en tan sólo el primer semestre, y que al cabo de un año haría que las ventas se incrementaran en un 200 por ciento, y que, además, bajaría los costos de operación en un 30 por ciento, de manera que usted, como dueño de la empresa, tendría utilidades substancialmente mayores. Luego recibe al otro y éste le dice más o menos lo mismo, pero usted nota que sólo uno de ellos le hace entrega entusiasta de su currículum. Al pedírselo al otro, éste le contesta con evasivas y no se lo entrega. Para salir de dudas, usted decide pedirle referencias a los empresarios para los que los pretendientes a ocupar el cargo de gerente dicen haber trabajado. Del candidato que le entregó su currículum obtiene excelentes referencias, y los consultados le confirman que todo lo que dice en él es verdadero, pero del otro —del que no obtuvo su currículum— le manifiestan que todo lo dicho por él es mentira, ya que mientras trabajó para ellos fue deshonesto, ineficiente, prepotente y abusivo. ¿A cuál de los dos candidatos contrataría usted?

El pasado es, sin duda alguna, la guía más creíble y confiable para anticipar razonablemente cómo será el comportamiento de una persona en el futuro. El candidato honesto, seguro de lo que es, ha sido, y será, dice: aquí estoy; escudriñen, pregunten, revisen. El deshonesto trata de ocultar su pasado con disfraces y palabras bonitas; pretende hacernos creer que es lo que no es.

Tomemos en cuenta que son cinco largos años los que permanecerá en la Presidencia de la República el candidato que escojamos el próximo domingo, y que, de entre los dos candidatos con posibilidades de resultar electos, sólo hay uno que con su currículum puede demostrar que tiene la capacidad para ser un presidente austero, honesto y eficiente. Si usted es de los que aún no ha decidido por quién votar, le sugiero estudiar el pasado de los candidatos para que pueda emitir su voto con seguridad y confianza. De su decisión depende el futuro de nuestro país.

* El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA y catedrático de la UTM.
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